¿Sabemos por qué lo hacemos?... ¿O solamente es una expresión concebida por nuestra mente ante una necesidad sin que ésta tenga el más pequeño roce con nuestro corazón?

¿Lo has meditado?... ¿O eres de aquellas personas que solo repiten y repiten una oración como autómatas o como una maquina de repetición, o aún peor como un cotorro que repite algo sin saber lo que esta repitiendo?
Somos muchos los seres humanos que de esta manera decimos nuestras oraciones, sin que tengamos la fe en ellas, sin que tengamos devoción alguna, solamente sumergidos en nuestro egoísmo de pedir y pedir.
Por eso, son también muchas las personas que abandonan nuestra creencia, porque no encontraron respuesta a su necesidad o solución a su problema, y terminan desertando de la fe y la Iglesia que les enseñaron y que heredaron de sus padres.
Hermanos, orar es despojarnos de toda soberbia e interés personal, orar es romper la barrera del egoísmo y hablar con Dios con humildad, con respeto, sin exigir altaneramente, sino rogándole sumisamente que atienda nuestra súplica, si es que somos merecedores de que se nos atienda.
A Dios no lo podemos engañar, el conoce nuestros corazones y sabe de la verdad de nuestras intenciones. Hay unas palabras que Jesús nos enseñó en la oración al Padre:
“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”
así con estas palabras debemos terminar nuestras oraciones, todas y cada una de ellas,

Pide más por tus hermanos y menos por tí,
Ruega por los que no tienen que comer,
Ruega por los que, postrados en una cama del hospital, sufren pacientemente su enfermedad,
Ruega por los niños, inocentes creaturas, que son vejados a diario,
Ruega porque la humanidad enmiende su camino y actúe según las Leyes Divinas de Nuestro Señor,
Ruega por tu prójimo...
y para tí...
Pídele humildemente a Dios que te de fe,
No desesperar de su misericordia,
Que te de generosidad y caridad...

En fin, que te lleve a la santidad aunque en el camino hacia ella tengas que ofrecer algo o toda tu vida, porque eso es lo que Dios desea de todos los seres humanos, que seamos santos y ese día veremos descender jubiloso y triunfador desde lo alto del cielo a Jesús en una nube como nos lo prometió, para llevarnos a la Gloria de Dios Padre para toda la eternidad.
Hermanos, les pido que oren con palabras que le salgan del corazón y que con toda su alma le rueguen a Dios que ilumine a todos los miembros de nuestra Parroquia y en especial que a los Adoradores del Santísimo les de la fortaleza y el entendimiento de que orando con fe y alegría el Señor les sonreirá y agradecerá cada vez que estén con Él en su Hora Santa.
El mundo y el universo son obra de Dios y a Él le pertenecen y le pertenecerán por toda la eternidad. Así tú.... ¡SÍ! ¡¡TÚ!!, ¡Eres su obra y jamás te abandonará!












