Mostrando entradas con la etiqueta pecado de pensamiento y obra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pecado de pensamiento y obra. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de marzo de 2011

El Pecado es una Ofensa contra Dios

El pecado es un hecho, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la Ley Divina. Nuestro primer pecado, sin haberlo cometido, es el Pecado Original que todos heredamos de nuestros Padres Adán y Eva pero que mediante el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo nos fue eliminado al recibir el Sacramento del Bautismo.

Los demás pecados son cometidos por el hombre sabiendo que los estamos haciendo con pleno conocimiento de causa y efecto. Es decir que con nuestra entera libertad de decisión ofendemos a Dios Todopoderoso.

El pecado es el camino a nuestra condenación eterna y por lo tanto, con nuestra fuerza de voluntad y con la ayuda de la oración, debemos huir de las ocasiones que nos acerquen a él.

Nosotros los seres humanos continuamente somos acechados por el pecado los cuales según su esencia son:
De Palabra.- Son las palabras dichas con coraje y odio con el fin de insultar y herir a los demás; las críticas, los chismes y los juicios destructivos que hacemos de nuestro prójimo.

De Pensamiento.- Son aquellos que se presentan en nuestra mente y que en vez de rechazarlos prontamente los dejamos para nuestra culpable complacencia.

De Obra.- Son todas nuestras acciones que van en contra del amor a Dios y del amor y la justicia al prójimo.

De Omisión.- Pecados en que se incurre por dejar de hacer aquello a que se está obligado por las Leyes de Dios.

Nuestros pecados no dañan a Dios, porque nada le puede dañar...
¡Pero sí le ofenden y le apenan como se ofendería y apenaría cualquier padre que fuera tratado irrespetuosamente y con desamor por su hijo!.
Dios nos ama sin límite y espera que también nosotros le amemos con igual intensidad. Debemos estar conscientes que nuestros pecados son un peso más que ponemos en su cruz haciendo crecer su dolor y sacrificio.

Nuestros pecados son las espinas que se clavan en su rostro haciendo que sangre su corazón.
Nuestros pecados son los insultos de la chusma enardecida que sin piedad le dirigía en su camino al Gólgota, haciendo que tres veces cayera de rodillas.
Nuestros pecados son el vinagre y la hiel que le dio el soldado romano cuando exhausto Jesús dijo “tengo sed”.
Nuestros pecados son el frio, la soledad y el abandono que crucificado sintió y dirigiéndose al Padre dijo: “Dios mío porque me has abandonado”.
Nuestros pecados son la repetición de su muerte en la cruz cuando cumpliendo la voluntad de Dios Padre y habiéndonos redimido, exclamó: “Todo esta consumado”.


Hermanos, reflexionemos sobre los sufrimientos inhumanos que afrontó Nuestro Señor Jesucristo para salvarnos y no le crucifiquemos nuevamente con la repetición de nuestros pecados.
¡Reconozcamos que verdaderamente nuestras buenas acciones, nuestras oraciones y sobre todo nuestro infinito amor hacia el que dio su vida por nosotros serán los poderes que:

¡Quitarán de su corona las espinas que le hieren!

¡Serán los torrentes de agua pura que humedecerán la sequedad de sus labios!

¡y le llevarán el consuelo de verse amado y acompañado en su soledad por sus hijos que le aman con toda la fuerza y sinceridad de sus corazones y que hoy postrados de rodillas le juramos morir mil veces, antes de volver a ofenderle con el pecado!.


Alabado y adorado sea por siempre Jesús sacramentado.

¡¡¡¡ Viva Cristo rey!!!!