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miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Sabes cómo se puede medir la Fe?


Casi todas las cosas materiales o físicas,  son susceptibles de poder medirse, como ejemplo mencionaremos, el oro y la plata por su peso, los líquidos por su volumen, el tiempo por los siglos, años, meses, días, horas, minutos y segundos, el calor y el frío por sus grados de temperatura, y así sucesivamente. 

En cambio, los elementos espirituales o mentales no son medibles. Por ejemplo el amor, el odio, la verdad, la mentira, y otros más. Pero ¿y la fe?  ¿puede ser medida?.

La fe es una creencia en algo o en alguien que nunca hemos visto. La fe es una creencia que tenemos sin tener ningún testimonio material de ella.

Podemos tener mucha o poca, pero ¿cuándo podemos decir que es mucha o cuándo que es poca?...

En nuestra santa religión hay muchos misterios de fe que son incomprensibles para nuestro razonamiento humano,  pero que debemos creerlos porque son revelaciones de Dios y Dios no enseña falsedades.

Además los filósofos y los teólogos demuestran que los Misterios de la Fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón, es decir, que no son imposibles ni absurdos. Ocurre con ellos como muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y no sabemos lo que son.

  • Nuestra fe es un Don de Dios, una virtud implantada por Él en nuestro ser para que mediante el crecimiento y fortalecimiento de la misma, podamos llegar a nuestra eterna redención. 


Siendo Dios un Ser Infinito en Sabiduría e Inteligencia, no necesita medir la fe que se desarrolla en nosotros, puesto que la fe es una creación divina infinita e inconmensurable.

Por lo tanto la fe no se puede medir según nuestro poco entendimiento humano con respecto a ella. La medición de la fe no es más que una expresión de nuestro egoísmo que exige saber cuánta fe tenemos para poder vanagloriarnos de ella.

La fe que crece en nosotros por nuestros propios méritos es el conducto que nos lleva a una intimidad divina con Dios, en donde aprendemos a pensar con pensamientos de Dios y no con pensamientos humanos

Dios es el único que sabe cuánto mide nuestra fe y mediante el crecimiento de ella en nosotros, Dios nos concederá otros dones y milagrosos misterios que nos llevarán si no a la Santidad, a los umbrales de la misma.

Queridos hermanos que este pequeño escrito nos abra nuestra mente con la luz de la humildad, y llenos de fe nos postremos en la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua, con todo amor y humildad ante el monumental Misterio de nuestra santa religión:  el Sacramento de la Santísima Eucaristía, en donde se encuentra Jesús Sacramentado resucitado y vivo en la Hostia Consagrada.

Roguémosle respetuosamente pero con fe firme y sincera que les permita a nuestras almas, cuando hayamos terminado nuestro peregrinar en este mundo, alcanzar la gracia de contemplar la Luz de su Divino Rostro y eternamente adorarle en el cielo junto a la Santísima Virgen María, nuestra dulce madre celestial, por los siglos de los siglos, para la gloria de nuestro Dios Padre Todopoderoso.



 Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!

miércoles, 8 de julio de 2015

¡La Santísima Eucaristía, el Gran Misterio de Nuestra Fe!


Una vez más nos vemos inclinados, por mediación del Espíritu Santo, a escribir sobre la Santísima Eucaristía,  misterio de amor,  que el mismo Jesús instituyó durante la Última Cena del Jueves Santo en vísperas de su divino holocausto para la salvación de toda la humanidad.

No nos mueve otro propósito que el de nuevamente hacer retoñar en las almas y corazones de los cristianos católicos, la fe en el Misterio más grande y portentoso de nuestra Santa Iglesia.

Jesús en un acto de infinito amor nos dio, en la Última Cena, su cuerpo y sangre, convertidos por su divino poder en Pan y Vino, que compartió con los apóstoles y asimismo, desde ese momento con toda la humanidad presente y futura, para su salvación.

La Sagrada  Eucaristía es el medio que escogió Jesús para permanecer  con nosotros para siempre. “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mt 28, 20)

Jesús se queda siempre con nosotros en la Eucaristía como señal de que su amor es eterno, de que no se acabará nunca. Él instituyó la Sagrada Eucaristía por su infinito anhelo de ser uno con nosotros por toda la eternidad.  

Todo lo escrito en líneas arriba no es otra cosa que el testimonio verdadero e irrefutable de que Jesús nos busca, nos quiere junto a Él, nos ama infinitamente y su amor es eterno.

Y ¿qué hacemos nosotros para retribuir tan inmensa e incalculable muestra de amor?... ¿Acaso le damos el 100% o si quiera un 10%? Como correspondería en el primer caso a nuestro Dios y en el segundo al gobierno civil que dirige nuestro estado?

Cada uno, que sea su propio juez y
juzgue por sí mismo como expresamos a Dios
nuestra gratitud por todos los beneficios
que recibimos de Él.

Temblaría yo de temor si pretendiera preguntarme cuánto le doy a Dios por lo que Él hace por mí. Me siento indigno de considerar siquiera la pregunta. Si bien sé que no me alcanzarían todas las oraciones y plegarias del mundo para retribuir a Dios, lo que Él  me da, en un sola hora de mi existencia.

¡Y no digamos que Dios está muy lejos y no nos puede escuchar!.

Dios Hijo, Jesús Sacramentado, está día y noche en la Capilla de Adoración Eucarística esperando que vayamos una hora a la semana a hacerle compañía, a verlo personalmente, porque Jesús está vivo presente en la Hostia Consagrada. Entendamos ya de una vez, Jesús es nuestro Dios y Señor, y no un Santo mortal a quien podemos visitar cuando lo deseamos.

Queridos hermanos, siempre estaremos en deuda con Dios, jamás acabaremos de pagarle todo lo que le debemos, pero al menos tratemos de corresponderle como nuestro Dios lo merece, lo quiere y nos lo pide humildemente.

Sacudamos de nuestras almas el polvo de injustificables excusas y demos de corazón a Dios lo que es de Dios.  Postrados de rodillas imploremos su perdón por no saberlo amar y que sintamos en el corazón la punzante herida de una oración escamoteada o de un compromiso de Adoración no cumplido.

Hermanos, mientras hay vida, hay esperanza; después de la muerte, solo por nuestros méritos, nuestras almas lo sabrán.


Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!





miércoles, 25 de septiembre de 2013

¡Santísima Eucaristía, Luz Divina, Cristo Dios!


El Misterio Supremo de nuestra Fe, la creación más portentosa de Jesús al convertir su Cuerpo y Sangre en el Pan y Vino durante la Última Cena con sus Apóstoles, la noche anterior a su inmolación, durante la Fiesta de Pascua, la noche del Jueves Santo.

El Cuerpo y Sangre de nuestro Redentor, desde ese momento, se funden en un haz de purísima luz donde vibra el celestial trepidar del amor de su Sagrado Corazón.

Son innumerables los testimonios que asocian a la Eucaristía, Hostia Consagrada, con la Luz Divina, he aquí algunas de ellas:

Cristo Jesús, Él mismo nos dice en el Evangelio:  "Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida  (Juan 8, 12)"

“A veces, veo la Hostia con un resplandor y  con una belleza muy grandes, más que si fuese el resplandor del sol.” (Santa Ángela de Foligno)

He visto el sol que salía del Santísimo Sacramento, y han quedado ofuscadas las otras luces…..” (Santa Faustina Kowalska)
 Yo vi salir como un humo del Sagrario, muy brillante y claro,  a modo de la claridad de la luna que subía hasta por encima de las casas……” (Santa Micaela del Santísimo Sacramento)

“Una tarde visité una capilla y se encontraba allí una hermana llamada Hilda Walstrum, orando y sollozando silenciosamente. Al preguntarle si le pasaba algo me contestó: que sus lágrimas eran lágrimas de gozo. Había asistido a la Misa y durante la Elevación, vio que la Sagrada Hostia se transformaba en un apasionado corazón destellando rayos luminosos.” (Relatado por Monseñor Josefino Ramírez)

Sigue relatando el Obispo Josefino Ramírez: “Lo mismo sucedió a la hermana Inés, de Akita en Japón. Ella fue a la capilla de su convento a orar y vio que una luz deslumbrante salía del Santísimo Sacramento.Personalmente tuve una conversación con el Obispo Ito de Akita, quien me dijo que estuvo presente en la capilla y podía dar testimonio de la luz gloriosa que irradiaba del Santísimo Sacramento"

Ciertamente, Jesús Dios Nuestro,  se encuentra presente en la Sagrada Hostia expuesta en las Capillas de Adoración Eucarística Perpetua. Es Dios vivo a quien vemos y adoramos en nuestras visitas horarias, los que somos adoradores confirmados,  o los que le visitan a diario por cualquier motivo personal  durante breves minutos.

El silencio, es el celestial vínculo que nos comunica a Jesús y nos permite relacionar nuestra alma con su misericordioso y sagrado corazón.

Cada uno tenemos nuestra personal manera de platicar y adorar a Jesús Sacramentado, guardando el respeto y veneración porque es a nuestro Dios en persona a quien nos dirigimos. Por lo tanto debemos de ir preparados en mente y alma al divino encuentro.

No debemos llegar a la Capilla sin saber qué y cómo vamos a dirigirnos a Nuestro Señor. Debemos evitar hojear las páginas sueltas que contienen oraciones, si en verdad no sentimos los que esas palabras significan.

Nuevamente, les aconsejo  ir  debidamente preparados al igual como cuando vamos a recibir el Cuerpo y Sangre de Nuestro Redentor en la Sagrada Comunión.

Queridos hermanos coordinadores de las Capillas de Adoración Eucarística, capaciten y enseñen a los miembros de la Adoración Eucarística como también a los que solamente visitan al Santísimo, a de verdad bendecir, alabar y adorar a Jesús Sacramentado, nuestro Dios y Señor, como Él humildemente lo merece y espera.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!