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jueves, 9 de junio de 2011

Pentecostés, Eslabón de Unión Eterna

El día que Dios, nuestro Señor envió al Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos con la Virgen María, estableció el vínculo de fuego de la nueva alianza creada por Jesús y eternizó en este acto la unión indestructible del Rey con su grey, haciéndola partícipe de sus dones celestiales en manifestación de su amor y bondad.



El Espíritu Santo se hace presente en nosotros desde que somos bautizados y desciende sobre nosotros cada vez que lo invocamos. Durante la celebración de la Fiesta de Pentecostés recordamos este hecho, pero diariamente, Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo están con todos nosotros.


Para los hermanos que semanalmente leen esta humilde columna, así como también para aquellos que se tropiezan con ella en su búsqueda de verdad y paz van dirigidas estas palabras:


No hace mucho tiempo pensaba y creía que los milagros y hechos de Dios eran solo percibidos por seres santos y temerosos de Dios Nuestro Señor, dones especialmente destinados a ellos. Pero estaba equivocado y aquí les relato el por qué de mi error.

Llegué a la Parroquia del pueblo como cualquier católico que busca el lugar donde asistir semanalmente al sacrificio de la Santa Eucaristía y de vez en cuando hacer una oración por algún familiar, amigo o conocido que necesitara de ella. Con el correr de los meses llegué a conocer y entablar amistad con el Párroco y de vez en cuando charlábamos cuando ambos disponíamos de tiempo, sobre diferentes temas. Cierto día, el Padre me comentó que se estaban dando unas pláticas en el templo sobre la Adoración Eucarística Perpetua y que la primera ya se había realizado, misma que le impactó muy favorablemente y me invitó a que asistiera ya que pensaba que ayudarían en mi desarrollo como católico y creyente.



Y fue así, que al día siguiente estaba desde muy temprano en el templo para escuchar a la hermana misionera encargada de la propagación de la Adoración Eucarística Perpetua. Al final de la misma comprendí muchas cosas que no sabía yo acerca de Jesús Sacramentado y ¡quedé magnetizado por una fuerza de fe que nunca antes había sentido!. Dios había querido obrar y despertar en mí uno de los Dones del Espíritu Santo, el de la inteligencia y sabiduría.


Continué asistiendo a las charlas y terminé aceptando el compromiso de ser Adorador Perpetuo del Santísimo Sacramento en la capilla que habíamos inaugurado en nuestra Parroquia, la primera en nuestro decanato.


Mi hora santa de adoración corresponde a horas de la madrugada y durante ellas, en la soledad de la noche y en el silencio del alma y la paz del espíritu, platico con Jesús -Dios Vivo- que está frente a mí y Él me responde con la silenciosa voz de su inmensa misericordia e infinito amor. A veces el Espíritu Santo también se me presenta y guía mis pasos en este camino hacia el Reino de Dios.



Desde el día que conocí personalmente a Jesús Sacramentado y al Espíritu Santo en nuestra capillita, todo en mí ha cambiado, soy más paciente, soy menos soberbio (mucho menos de lo que era), quiero a mi prójimo como nunca lo hice en el pasado, y ¡amo a Dios sobre todas las cosas!.


Vivo enamorado de mi religión y de todo lo que me enseña nuestra Santa Iglesia Católica. Y como resultado de este cambio recibo continuamente signos y señales que hacen menos penoso y más llevadero mi paso temporal en el mundo.

Hermanos, Dios ha querido obrar en mí el milagro del cambio para bien mío y para gloria de su Santo Nombre. En mí, que soy pecador indigno y el más humilde de sus adoradores. Cada acto de Dios para con cada uno de nosotros por más insignificante que nos parezca, es un Milagro de Fe, de Amor y de testimonio irrefutable que los milagros no son facultativos solo a los santos, sino a todos los seres que verdaderamente amamos a Jesús Nuestro Señor y llevamos en nuestros corazones un pedacito de su Sagrado y Bendito Corazón.


Alabado y adorado sea por siempre Jesús sacramentado.

¡!! Viva Cristo rey!!

jueves, 24 de febrero de 2011

Testimonio Milagro de Fe

Son muchos los testimonios que cimentan las bases de nuestra creencia y nos hacen crecer en nuestra fe. Esta semana expresamos nuestros sentimientos y nuestra humilde opinión, guiados siempre por la sabiduría del Espíritu Santo.


Testimonio según la definición del Diccionario de la Lengua Española es:
Una declaración en que se afirma o asegura una cosa.
Una prueba, justificación y comprobación de la certeza o existencia de una cosa.


Para nosotros, es una prueba de la omnipotencia de Dios y su existencia.


La Eucaristía es el más grande, excelso y santo Sacramento en el que están presentes verdaderamente la carne, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. En la historia de la Santa Iglesia Católica han ocurrido más de 400 testimonios Eucarísticos y entre ellos uno de los más impresionantes es el de Lanciano, Italia ocurrido en el año 700.

Relata el testimonio la historia de un monje que continuamente se veía atacado por grandes dudas acerca de la presencia de Cristo en la Hostia Consagrada. Un día mientras celebraba la Santa Misa y en el momento que pronunciaba las palabras consagratorias nuevamente fue acosado por la duda y fue en ese preciso instante que la hostia se convirtió en la Carne y el vino en la Sangre Viva de Nuestro Señor Jesucristo. El monje conmocionado y llorando volteó hacia los presentes y les manifestó lo sucedido invitándolos a que se acercaran al altar y comprobaran el milagro. Y he aquí que después de 13 siglos, la carne y la sangre de Cristo permanecen frescas e incorruptibles a la vista y presencia de todos.

La iglesia y la ciencia han sometido esta carne y esta sangre a diferentes estudios científicos que han dado una respuesta segura y exhaustiva acerca de la autenticidad del milagro Eucarístico de Lanciano, afirmando que:
  • La carne es verdadera carne

  • La sangre es verdadera sangre

  • La carne y la sangre pertenecen a la especie humana

  • La carne es del tejido muscular del corazón

  • La carne es un corazón completo en su estructura esencial.

  • La carne y la sangre tienen el mismo grupo sanguíneo (AB)


Su conservación, aún dejadas al estado natural por espacio de 13 siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por si un hecho extraordinario.

Hermanos, ¡Jesús está vivo en la Sagrada Eucaristía! lo dice y corrobora este testimonio grandioso, pero también hoy día a día tenemos testimonios de gente humilde que nos conmueven y fortalecen nuestra fe. He aquí dos testimonios sencillos para la gloria de Jesús Sacramentado.

Hace algunos días una señora se acercó y nos dijo:


  • Quiero que sepa hermano porque estoy tan feliz de venir a mi Hora Santa, porque desde que visito al Santísimo soy otra, Él ha hecho que muera en mi el YO y nazca el TU.

¡¡Sabias palabras de humildad y amor al prójimo!!

El segundo testimonio fue de un señor ya mayor que dijo:

  • Hermano, sepa que Dios esta aquí y escucha lo que uno le pide, a mi me ha hecho un gran milagro, y casi con lagrimas en los ojos, continuó, ¡A partir de hoy voy a venir dos horas... aunque ya no me haga más milagros, con el que me hizo ha abierto su corazón para que entre el mío y jamás dejaré de adorarlo!


Prueba indudable de fe y amor al Santísimo.

El primer testimonio narrado, el de Lanciano y el de los dos adoradores son por sí mismos, llamas que encienden nuestra Fe y abrazan nuestros corazones de amor a la Sagrada Eucaristía.


Alabado y adorado sea por siempre Jesús Sacramentado.



¡¡¡Viva Cristo rey!!!!