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jueves, 6 de mayo de 2010

Mayo, Mes de María!

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.





Jesús, una vez más nos demuestra el inmenso amor que tiene por el hombre, y no obstante estar crucificado en agonía de muerte, nos da el más precioso regalo… concedernos a su Madre Santísima como Madre de toda la Humanidad, diciéndole a Juan: ”He ahí a tu Madre.”




¡Qué sublime y bello momento en que el Hijo del Padre Todopoderoso reconoce a María Inmaculada como nuestra Madre Eterna!... Y nosotros agradecidos, con el corazón henchido de amor la aceptamos como nuestra Madre Celestial en todas sus advocaciones habidas y por haber, desde María Madre de Dios hasta la más reciente Virgen de Medjugorje.



La Virgen Santísima se nos ha presentado en muchos lugares, en muchas épocas y en diferentes formas con el único fin de darnos un mensaje: “que hagamos oración”. Oración que brote de la mas intima raíz de nuestro ser; oración que esté rebosante de amor y fe; oración en la que se fundan nuestra alma y corazón en un solo crisol de adoración a su bien amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Ella, madre nuestra, nos promete interceder por nosotros ante su Santo Hijo, para que escuche nuestra voz de arrepentimiento por todos los pecados cometidos y nos conceda con su infinita bondad y misericordia el perdón que no merecemos.


En Mayo, el mes de María Santísima, ¡Oh Virgen Inmaculada! en la más humilde plegaria te rogamos por todos aquellos que no creen en tu divinidad, por todos aquellos que te condenan y blasfeman y también por todos aquellos que creyendo en tí te ofendemos con nuestros pecados, que nos perdones y nos des cabida en tu amoroso corazón. Y permítenos que vuelvan a nuestras almas el candor e inocencia infantil, cuando llenos de amor y ternura te alabábamos cantando con la voz del corazón:



“María tu eres mi madre,
María tu eres mi amor,
María Madre mía
yo te doy mi corazón”.

Bendita Tú eres entre todas las mujeres y
bendito es el fruto de tu vientre: Jesús!!





Hermano, te invitamos a rezar el Santo Rosario en nuestra Capilla de Adoración Eucarística Perpetua para que la Virgen Santísima le entregue personalmente a su muy Amado Hijo, Nuestro Señor Jesús, tu ofrenda de fe y alabanza.