miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡¡¡El Despertar de un Año Nuevo!!!


Hoy nos ha tocado la gracia de que nuestra publicación semanal coincida con el último día del año 2014No podríamos dejar escapar, la oportunidad de hacer llegar a todos nuestros lectores, el juicio que resulta de nuestra reflexión con motivo de la fecha que universalmente celebramos para despedir al año que se va y la bienvenida al año que llega.

Detengamos un momento el transitar acelerado de las últimas horas de este año que finaliza, y busquemos en los días de este inmediato pasado los hechos que hemos vivido.

Hagamos un examen de fin de año a nuestra conciencia, repasemos con sincera neutralidad lo que hemos de cosechar de lo que fuimos sembrando en el diario acontecer de nuestra humanidad...

Rescatemos de nuestra memoria las buenas acciones que llevamos a cabo sin esperar de ellas recompensa alguna, solo la satisfacción íntima de haber hecho por amor lo que Jesús, Nuestro Señor, nos pide con su infinito amor. 

Amor con amor se responde a Dios por los favores recibidos. No hay otra forma más verdadera y justa de proceder ante los beneficios que recibimos de nuestro Altísimo Creador.

Ahora veamos la parte oscura de nuestro comportamiento. Busquemos en el fondo del baúl de los malos recuerdos, ahí donde secretamente quisimos tapar con el olvido nuestras faltas y ofensas a Dios, porque en todo aquello malo que hacemos de pensamiento, obra u omisión, a quien volvemos a crucificar es a Jesús nuestro Dios y Señor.

Ya tenemos nuestras acciones sopesadas, las buenas y las malas. Pongámoslas separadas en cada uno de los platillos de la bascula de nuestra conciencia. Y comprobemos hacia donde se inclina el fiel...

¡Alegrémonos si el fiel se inclina hacia el lado del bien!, porque hemos vencido al mal y ¡démos gracias a Dios por su ayuda!

Mas, si el fiel se inclina hacia el mal... que el dolor nos envuelva totalmente y arrepintiéndonos de todo corazón invoquemos la misericordia de Dios para que nos perdone y prometamos jamás volver a caer en el pecado.

El año que viene, Año Nuevo, no hemos escrito nada en él, ni bueno ni malo. 

Preparémonos mediante la oración y las buenas acciones a recibir el año 2015, en nuestra casa y con  nuestra familia, en compañía de Jesús, María y José, la Sagrada familia. 

Disfrutemos cristianamente la celebración, sin caer en excesos mundanos, respetuosamente y llenos de amor demos gracias a Dios por permitirnos vivir un año más, que deseamos dé los frutos que esperan de sus fieles hijos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que nuestras oraciones sean entregadas en el cielo por la intercesión de nuestra Santísima Virgen María, Madre de Dios y Reina del Cielo y de la Tierra. Que ella con el infinito amor que nos tiene le diga a su divino hijo, 

¡Recibe sus ofrendas y perdónalos una vez más!

Queridos hermanos vayamos el primer día del año nuevo a visitar a Jesús Sacramentado en su eterna morada terrenal, nuestra humilde Capilla de Adoración Eucarística Perpetua, para decirle: 


¡Oh buen Jesús, te amo con toda mi alma, con todo mi corazón, 
te doy mi vida,  soy todo tuyo Señor!



¡Feliz Año Nuevo en Jesús Sacramentado y felicidades también con la tierna  y  dulce Virgen María, Reina de nuestro corazón!



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!

viernes, 26 de diciembre de 2014

El Nacimiento, Niñez y Juventud de Jesús Nuestro Señor.



Es esta una apreciación basada en los hechos conocidos a través de la historia de Salvación o sea la Santa Biblia, y de los hechos desconocidos mediante el criterio personal de una fe depositada en mi por la gracia del Espíritu Santo, sin cuya inspiración no hubiera, ni siquiera atrevido a escribir una palabra sobre este tema.

No pretendo convencer a nadie de la verdad o de la falsedad de lo desconocido, solo me limito a exponer unas ideas o pensamientos que sirvan de reflexión espiritual para todos aquellos creyentes que nos preguntamos continuamente sobre los episodios no revelados de la juventud de Jesús , el Hijo de Dios en  la Purísima y Santísima Virgen María.

Cada uno es libre de establecer su propio criterio sobre lo escrito, yo solo expongo lo que mi alma siente y lo que mi corazón me dicta. No me lleva ni el afán denigrante de una publicidad que no busco,  ni la soberbia corruptora de una  notoriedad que detesto. Solamente ansío en mi más intima humildad, compartir con mis hermanos, estas palabras con las que puedan meditar sobre esta quimera, muy mía, de que fuera realidad.

El nacimiento del niño Jesús, Nuestro Salvador, lo acabamos de celebrar con toda nuestra fe y nuestro amor, dándole gracias a Dios por el regalo tan grandioso que nos dio con su infinita misericordia, al ofrecer en sacrificio a su muy amado unigénito, para la redención de la humanidad. Este hecho relatado desde la antigüedad fue el testimonio que dieron los profetas del Nacimiento del Mesías, testimonio del que nadie se atreve a poner en tela de juicio, porque su propio acontecimiento confirma su veracidad.

Luego de la Presentación y Consagración de Jesús en el templo  por su Santísima Madre y después cuando la Virgen María lo encontró en el templo, tras de tres días de estar perdido, charlando  y discutiendo con los Doctores de la Ley, no hay mas referencias auténticas sobre la niñez y juventud de Jesús.

“Era un niño adorable, lleno de vida y amor,  que jugueteaba por toda la casa, era el Divino Regalo de Dios que iluminaba el hogar de María y José, quienes lo veían crecer en edad y en sabiduría. Al igual que todos los niños del pueblo, a  partir de la edad de siete años asistía a la sinagoga cumpliendo los ritos de la ley judía establecidos por Jahvé, el Dios Todopoderoso.

Era un niño alegre y feliz que compartía su alegría y felicidad con todos sus pequeños amigos. Era distinguido por su amabilidad y buenas costumbres por todos los adultos del pueblo, quienes veían en él una predestinación muy especial, pero sin pensar su verdadero destino, que solo guardaban en sus corazones secretamente, sus padres María y José.

Durante sus años de niñez y juventud su naturaleza humana era la que más afloraba en su ser. Su naturaleza divina en pocas ocasiones, se vislumbraba a los ojos que su madre santísima percibía,  y que siempre guardaba en lo más profundo de su corazón.

Llego la época de la juventud y su cuerpo se desarrollaba en bella hermosura lo mismo que su espiritualidad crecía en dones y gracia que recibía de su Padre Celestial. Era un joven comunicativo, sencillo humilde y respetuoso con sus padres, obediente de sus consejos y recomendaciones. 

En el taller de carpintería aprendió el oficio de su padre adoptivo, José, a quien diligentemente ayudaba en el trabajo. Adquiriendo fácilmente la destreza en el trabajo de la madera por lo que muchos trabajos especiales de los clientes de la carpintería, eran encargados totalmente por José a Jesús. También en las labores del hogar ayudaba solícitamente, ya sea cortando leña para el fuego o acarreando agua para las necesidades de la casa.

En la sinagoga, templo de la Religión Judía, era muy estimado por el Rabino, Sacerdote o Pastor Judío, quien se admiraba de la inteligencia y sabiduría del joven Jesús. Leía continuamente y conocía perfectamente El Torá, Libros Sagrados de la religión judía, la cual profesaba Jesús.

La familia que constituían Jesús, María y José era muy respetada por la comunidad, que veía en ellos un ejemplo de amor familiar, y de acendrada fe religiosa. Los tres, juntos, siempre asistían a todas las celebraciones religiosas del templo e  igualmente eran siempre invitados a las reuniones familiares en casa de amigos dentro y fuera del pueblo.

Este fue pues el ambiente en el que el joven Jesús fue creciendo, bajo el amor y la sabia dirección de sus padres, que no hicieron otra cosa que cuidar del tesoro que Dios les había encomendado guardar y proteger, hasta el momento de su revelación divina."


Queridos hermanos, este es mi humilde regalo que en el día del Nacimiento de Nuestro Divino Redentor les ofrezco para la gloria de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¡Navidad!, ¡Nacimiento de Jesús!, ¡Llegada de Nuestro Redentor!


Estamos en la Tercera Semana de Adviento, tiempo de preparación para la venida al mundo de Nuestro Salvador.

Es necesario que meditemos profundamente el significado de este magno acontecimiento que está siendo un tanto desvirtuado por el concepto materialista de un mundo cegado por el poder del dinero.

En estos días la preparación de la mayoría de las gentes consiste en elaborar un plan para festejar la Navidad, ¿qué vamos a comprar para regalar?... ¿qué vamos a comprar para la cena de Año Nuevo?...  o ¿qué vamos a comprarnos?,  para complacer nuestra vanidad y vestirnos con las mejores galas que nuestra economía lo permita.

Y nos preguntamos: ¿qué vamos a hacer para prepararnos para conmemorar debidamente la llegada a este mundo de Jesús, que nace para darnos la vida eterna con su sacrificio? 

Indudablemente nos alegramos porque nace en Belén de la Inmaculada Virgen María el Hijo de Dios, pero no aquilatamos la magnitud del acontecimiento....


¡¡Es Dios que nos está entregando a su Divino Hijo para que nos salvemos
y con su vida, pasión, muerte y resurrección nos conceda también
el derecho de la vida eterna a todos los seres humanos!!


Este acontecimiento, anticipado  desde muchos siglos atrás por los profetas, tal como lo indica la Santa Biblia, es la señal divina del futuro nacimiento del Mesías, Salvador de la humanidad. Eso es lo que debemos jubilosamente celebrar con la unción y respeto que tal acto merece. Para eso la iglesia establece el Tiempo de Adviento, las cuatro semanas previas a la navidad.


¿Y como debemos prepararnos?

  • Primeramente debemos estar conscientes de que ¡Es a Dios Hijo a quien vamos a recordar ese bendito día!... que no es un niñito cualquiera el que nació en Belén hace mas de 2000 años. Es Dios hecho hombre por la misericordiosa voluntad e infinito amor del Padre,  Dios Todopoderoso, que nos lo entrega para que podamos encontrar en el recién nacido  su perdón y salvación.

  • Dediquemos unos momentos de reflexión y oración cada día del tiempo de adviento, que ya está por terminar, y reflejemos  en lo más hondo de nuestra espiritualidad lo que nuestro corazón debe verdaderamente sentir a la llegada de Jesús y con ella el motivo trascendental de esa gloriosa y santa llegada.
  • En la navidad recordamos naturalmente el nacimiento de Jesús, pero igualmente recordamos su cumpleaños. Y ¿qué acostumbramos hacer cuando es el cumpleaños de alguien a quien amamos o estimamos?... Les damos un regalo, que identifique nuestro amor y aprecio. ¿Verdad? ... Entonces por qué en esta próxima Navidad, que el cumpleaños de Jesús Nuestro Señor, no le regalamos algo que sea de su agrado?
  • ¿Por qué no le damos nuestro corazón, por intermedio de la Santísima Virgen María, pidiéndole que nos consagre al Sagrado Corazón de Jesús?
  • ¿Por qué no le entregamos todo a Jesús, nuestros pensamientos, nuestras palabras y obras?
  • ¿Por qué no le damos una sonrisa y alegría cuando le adoramos en oración?
  • ¿Por qué no hacemos una obra de caridad cristiana a un hermano necesitado y se la dedicamos al Señor en su cumpleaños?
  • ¿Por qué no perdonamos al que nos ha ofendido, sin guardar rencor ni memoria de la ofensa recibida?... De seguro este acto será del agrado de Jesús.
  • ¿Por qué en su cumpleaños no le damos a Jesús Sacramentado una hora de adoración en la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua?


Hay tantas cosas que podemos darle como ofrenda a Jesús Dios y Señor Nuestro, en la fecha de su cumpleaños, que ¡No se compran con dinero, sino con el amor que los buenos cristianos tenemos guardados en el corazón!

Para terminar con nuestra preparación, ¡¡No olvidemos a la Santísima Virgen Inmaculada Madre de Dios, quien con su humilde , en el día de la Anunciación, nos abrió la puerta de la salvación y trajo al salvador al mundo!!

Digámosle amorosamente: 

¡Bendita Tú eres entre todas las mujeres y 

Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús!,

Danos el calor de tu infinito amor y protección, 
cobijándonos entre tus brazos, así como lo hiciste
 con tu Divino Hijo el día que nació.

¡¡Somos todos tuyos!!, 

¡¡Somos Hijos de Dios!!.




Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!




Para establecer una 
Capilla de Adoración 
Eucarística Perpetua
en su comunidad,
Comunicarse a :    
lucy.barradas@hotmail.com
Cel. 924 11407 09         

 Lucy Barradas,       
Misionera de Nuestra Señora 
del Santísimo Sacramento



miércoles, 10 de diciembre de 2014

La Inmaculada Concepción de la Virgen María.


¡¡¡Es una emoción tan grande el empezar cualquier pensamiento que nos lleve a la imagen espiritual, de la Santísima Virgen María, que el alma se desprende del cuerpo y cae hecha destellos de purísimos diamantes, a los pies de la Reina de nuestro corazón!!!

Es preciso declarar que nunca podremos, por más capacitados que creamos estar, escribir  sobre el amor infinito de nuestra madre celestial, dulzura de eterno cariño, inagotable fuente de perfección terrenal, que Dios mismo quiso poner en la más hermosa y virtuosa doncella, la bendita y bienaventurada Madre de su unigénito hijo, nuestro Dios Redentor.

En un principio los Libros Sagrados del Antiguo Testamento, dan testimonio irrefutable del futuro destino de la Madre de Dios. Véase, Génesis 3, 15 - Isaías 7,14 - Miqueas 5,23 - Jeremías 21,22.

Antes de que tú y yo fuéramos creados, antes de todo, Dios con su inmensa sabiduría, inteligencia y amor infinito la concibió en su excelsa mente, para que fuera la Madre de la esperanza viva de nuestra salvación.

Hace dos días, el 8 de Diciembre, nuestra Santa Iglesia Católica conmemoró solemnemente la Inmaculada Concepción de la Madre del Mesías, Jesús, nuestro salvador.

La festividad que con tanto júbilo celebramos es muchas veces confundida con la concepción de Jesús, en el vientre bendito de María, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Pero en esta festividad celebramos que la Virgen María es concebida sin pecado original, libre de toda mancha, pura e inmaculada desde su nacimiento hasta su ascensión a los cielos. Por la gracia especial de Dios.

María Santísima, es venerada en todo el mundo y en el mismo cielo por ser la que nos dio de su cuerpo el cuerpo de Jesús, Dios y Señor Nuestro. En la tierra todos los católicos le rendimos culto distinguido, solamente superado por  el culto y adoración que rendimos a Dios.

La Virgen María es venerada bajo diferentes advocaciones que los fieles católicos han optado por llamarle, ya sea por el lugar de sus sagradas apariciones o por las virtudes que ella representa. Por mencionar algunas como, la Virgen de Lourdes, la Virgen de Fátima, la Virgen de Guadalupe, y también la Virgen del Perpetuo Socorro, la Virgen de la Inmaculada Concepción y la Virgen Dolorosa

Existen muchas más advocaciones pero tenemos que tener conciencia y entendimiento que todas, absolutamente todas son una sola y única Santísima Virgen María Madre de Dios.

María, dulce remanso de inefable ternura
donde mi pobre alma pecadora 
busca el refugio de tu santa piedad, 
para que intercedas ante tu divino hijo 
y pueda Él llevar nuestra suplica de perdón.

Virgen María, no me niegues el abrigo 
de tu santísimo manto  y en mi quebranto
sé tú mi amorosa consolación.

Purísima Virgen María te ruego humildemente 
que no me desampares y en mi postrera agonía 
dame tu bendición y entrega a Dios mi alma y corazón.


Queridos hermanos, en nuestra visita a Jesús Sacramentado, recemos un Santo Rosario para decirle en sus cinco misterios que  el amor que tenemos por su Santísima Madre queremos entregarle como ofrenda. Esta bendita oración, que lleva en ella estampada la dulce y tierna caricia de un corazón que late en eterna alabanza por la Madre y el Hijo, Dios Nuestro Señor. 



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!! 


jueves, 4 de diciembre de 2014

Adviento… ¡Tiempo de Preparación!




Hemos llegado al tiempo que nos marca el ritual de nuestra Santa Iglesia Católica de la Venida o Llegada de Jesús, nuestro salvador, Hijo unigénito del Padre, que nos entregó su vida para que con su muerte alcanzáramos la vida eterna.

Es el lapso en que debemos meditar profundamente el significado del sacrificio del Hijo de Dios. No lo hagamos como simples espectadores de un hecho de Dios, que lo puede todo y por lo tanto quiso salvarnos y nos ofreció el medio para nuestra salvación. 

Lo aceptamos así, en el sopor de nuestra mente adormitada por la rutina del hecho que repetimos todos los años. Pero no debe ser así, estamos en un error por falta de amor, conocimiento y fe en nuestra misión de bautizados y por ende Hijos de Dios.

¡Vamos a celebrar la venida de Dios hecho hombre, 
que se encarnó por obra del Espíritu Santo 
y se entregó por nuestra redención!

No es un evento de rutina que Dios nos da, es la prueba más grandiosa de todos los tiempos, es el mismo Dios, que todo lo puede, quien se despoja de su majestad y poder divinos y en un acto de misericordia y amor se nos entrega en la vida, pasión y muerte de su Hijo muy amado para que podamos salvarnos tú, yo y toda la humanidad.

Tenemos que comprender con total inteligencia para poder conocer la magnitud de la fuerza que origina la venida de Jesús al mundo. Origen y razón del creador del universo, de entregarnos el regalo de vida eterna con la vida de su propio hijo.

¡Despertemos ya! y encendamos la luz que recibimos del Espíritu Santo el día que fuimos bautizados.

¡Sacudamos de nuestros cuerpos todo vestigio de duda, de infidelidad y de pecado!. 

¡Preparemos nuestro corazón, nuestra alma y nuestra carnal humanidad para recibir al cordero de Dios que llega una vez más al humilde lugar de su nacimiento y como lo hace todos los años, todos los días y a cada instante en que con su holocausto, de divina ofrenda, nos perdona en todas y cada una de las ofensas que le hacemos!

Meditemos sinceramente, dejemos nuestra vanidad y amor propio y sintamos en la profundidad más pura de nuestro ser la dulzura más excelsa, el amor más tierno para este Niño Jesús que viene a nosotros sonriendo amoroso aun sabiendo que le espera la pasión y la cruz por el pago de su amor.

¡Démosle hoy lo que siempre le hemos negado!
  • La entera confianza en su venida, 
  • La fe inquebrantable en todas sus manifestaciones divinas, 
  • La total creencia en su Sagrada Palabra, 
  • La obediencia absoluta de su voluntad, 
  • Nuestro amor a Él, nuestro Dios sobre todas las cosas, 
  • Nuestro dolor por haberle ofendido, 
  • Nuestra intención de nunca jamás volver a ofenderlo.
  • Nuestra oración de eterno agradecimiento.


¡Démosle todo!, todo lo que somos y tengamos y 

¡Digámosle para siempre soy todo tuyo, solo tuyo Señor y Dios mío!


Cuando hayamos cumplido con todas estas promesas estaremos listos para recibirlo con paz en el alma y amor en el corazón en esta próxima navidad y en todas las navidad es que su divina voluntad nos permita pasar en este mundo, para finalmente llegar a ocupar el lugar que nos corresponde y que nos designe el día de su Gloriosa Segunda Venida en la cual podremos contemplar la luz de su divino rostro si hemos persistido en estar debidamente preparados para el último Adviento... ¡El final de los siglos!



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!