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jueves, 27 de octubre de 2016

Amor, Fe y Humildad: Bases de la Santidad


El Amor, la Fe y la Humildad son las piedras angulares en las que se cimienta el logro de la Santidad. Son los fundamentos necesarios e indispensables que necesitamos para edificar en nuestro ser el estado de la Santidad.

El amor, bajo el concepto puramente espiritual, es el sentimiento que nos inspira a expresar, mediante pensamientos y acciones, el profundo cariño y estima hacia cualquier ser viviente. 

El amor es el principio que establece la relación humana con verdadera dignidad y profundidad que nos lleva a tener el poder de  unir, guiar y liberar a todo el que ama y también al que es amado.

El amor espiritual no es solo un deseo o una pasión hacia una persona o un objeto, sino la conciencia absoluta, completa y desinteresada; este amor se da cuando el alma se da totalmente a otra alma, desinteresadamente con el fin de establecer la vigencia del amor que Cristo nos enseñó a practicar.

El amor proviene de Dios, 
porque Dios es Amor; 
no tiene más limite que la eternidad, 
porque emana de un Ser Eterno 
y nos fue entregado para que lo prodigáramos sin reservas 
a todo aquel que lo necesitara.

Cuando esto sucede, es imposible que haya enemistad, odio, desconfianza, recelo, bajas pasiones, solo existirá la paz, la armonía, la bondad y la más pura relación de amistad entre el que da y recibe el verdadero amor espiritual.


“La Fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado solo la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la Fe de otro y debe transmitirla a otro. 

Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra Fe. Cada creyente es  como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. "Yo no puedo creer sin ser sostenido por la Fe de otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de otros”

La Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve: 
Esperamos que Jesús venga de nuevo a la tierra para juzgar a vivos y muertos.
Creemos en la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, sin que la hayamos visto.

En las Sagradas Escrituras hay muchos pasajes en los que se narran los efectos de la Fe y de la falta de Fe.
Cuando Jesús se apareció a los apóstoles le dijo a Tomás: “Porque me has visto has creído, dichosos los que no han visto y han creído.”

Cuando Jesús caminaba sobre las aguas invitó a Pedro a seguirle, éste saltó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua, pero una duda le acometió y empezó a hundirse, a lo que Jesús le extendió la mano y levantándolo le dijo: “Levántate hombre de poca Fe”

En cambio, como ejemplo de Fe se narra el caso de la mujer que padecía de hemorragias por más de 18 años, se acercó por detrás al Maestro y tocando su túnica pidió curarse, al darse cuenta Jesús se volvió a la mujer y le dijo: “Véte, estás sana, tu Fe te ha curado.”

La Fe es el fundamento de nuestra Doctrina Católica
y de los dogmas instituidos por la Santa Iglesia.
La fe, por lo tanto, es la semilla 
que crece día a día
en el alma y corazón de aquellos seres
destinados a la Santidad.


La Humildad es la virtud del hombre que reconoce que de sí mismo solo tiene la nada y el pecado. Y que todo lo bueno es un don que recibe de Dios. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal solo se satisface en servir a Dios y a sus semejantes. Da todo sin esperar recibir nada a cambio.

La Humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto humillación porque de esta manera dejaría de reconocer los Dones de Dios y de usarlos según su Divina Voluntad.

La Humildad es la virtud
opuesta al mayor de los pecados
que es la soberbia.


En conclusión el Amor, la Fe y la Humildad es el trino inseparable de la Santidad.

¡¡Ninguna puede ser eficaz sin el concurso de las otras dos!!



Queridos hermanos procuremos con nuestras acciones fortalecer los dones del amor, fe y humildad que hemos recibido de nuestro Dios y Creador.




Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado


¡¡¡  Viva Cristo Rey  !!!



miércoles, 23 de septiembre de 2015

La Humildad es el Camino a la Santidad y a Nuestra Salvación



Es tanto el uso que le hemos dado a la palabra humildad que la hemos pintado con una sombra de vulgaridad que nos impide reconocer su verdadero significado.

Etimológicamente, el término humildad deriva del latín “humilitas”,  que tiene varias acepciones: 
  • Conocimiento de las propias limitaciones y debilidades; 
  • Bajeza de nacimiento –de clase baja o de origen pobre-
  • Se aplica a la persona que tiene la capacidad de restar importancia a los propios logros y virtudes y reconocer sus defectos y errores.


Según la religión católica la Humildad es:

La virtud moral por la que el hombre reconoce que de sí mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un Don de Dios, de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. 

El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser Hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así, libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le corresponden.

La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejarían de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad.

A continuación transcribo algunas frases célebres sobre la humildad, en las cuales pueden ustedes profundizar para obtener un criterio propio.

  • El cimiento de la oración va fundado en la humildad, y mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios. (Santa Teresa de Ávila)
  • El fundamento de la perfección cristiana según opinión común de los Santos Padres, es la humildad. (Cardenal Pecci)
  • La humildad y la caridad van juntas. Una glorifica la otra santifica (San Pío de Pietrecilna)
  • La oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria y la grandeza de Dios, a quien se dirige y adora, de manera que todo lo espera de Él y nada de sí mismo. (San Jose Maria Escriba de Balaguer)
  • No hay camino mas excelente que el del amor, pero por él solo pueden transitar los humildes. (San Agustín)
  • Si no hay humildad el amor permanece bloqueado, no fluye. (Su Santidad Francisco)
  • Sin humildad no hay virtud posible, ella es el fundamento y guardián de todas las virtudes y toda virtud se esfuma si desaparece la humildad. (San Bernardo)
  • Todo el que se ensalce será humillado; todo el que se humille será ensalzado. (Lucas 14, 11)

  • La humildad es el todo, nada hay sin ella.
  • humilde de verdadlleva en tu corazón grabado el nombre de Jesús, No para tenerlo a Él... sino para que Él te tenga y sea dueño de tu corazón.

  • Da todo lo que puedas y no recibas nada a cambio.
  • No trates de comprar un ropaje de humildad con fingidas humillaciones porque al final de tus días, cuando estés ante el Juez Divino, tu alma estará desnuda derramando lágrimas de su soberbia que la condenarán.


En tu vida terrenal no pidas el don de la humildad, la humildad nace de tus actos. Hazla tú con tus propios méritos para que cuando éstos florezcan y lleguen a los pies de Dios, Él te proclame bendito por tener en el alma escondida la íntima réplica de una pequeña luz, muy pequeña lucecita de tu gran humildad que nadie jamás en el mundo pudo ver. Porque tu humildad no la cultivaste ni para tus amigos, parientes, ni padres, ni hijos, ni esposa, ni hermanos, ni aún para tí mismo... sólo la hiciste, solamente, con todo tu amor, para la gloria de Dios.


Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

miércoles, 29 de julio de 2015

Los Niños... Un Tesoro que debemos Valorar.


Todos los seres humanos fuimos creados con el fin de que tuviéramos una Vida Completa: Nacimiento, Crecimiento y Muerte; y que durante nuestra pasajera estadía en la tierra hiciéramos los méritos necesarios para después de nuestra muerte, en la Resurrección, obtengamos la Vida Eterna

En síntesis esta es la historia de nuestra salvación, a la cual nos hicimos merecedores en razón a la misericordia y al amor de Dios Padre y al sacrificio de su Unigénito Jesucristo.

Para valorar y proteger algo muy querido y apreciado, como principio indispensable, debemos conocer y  comprender el significado espiritual y material del objeto de nuestro querer. Veamos el origen de nuestra vida/creación,  el cual es común a la mayoría de los niños nacidos en nuestro mundo.

El nacimiento de los niños es el producto del amor ejercido recíprocamente entre una pareja de seres humanos, un hombre y una mujer; unión de procreación establecida por nuestro Dios e instituída por Jesucristo. Esta es la verdadera esencia de nuestra vida material y espiritual. La primera aportada por nuestros padres terrenales y la segunda entregada como un Don por nuestro Padre Celestial.

Después de ser concebidos  por un hombre y una mujer, en el acto somos seres humanos. Somos ya la simiente viva de la unión del hombre y la  mujer y después del periodo de gestación se produce el nacimiento del niño o niña.

¡Ya tenemos nuestro tesoro!, ahora debemos iniciar los cuidados necesarios para que pueda desarrollarse naturalmente en óptimas condiciones materiales y espirituales, para que pueda llegar a ser un hombre de bien para la sociedad y para Dios.

El ser recién nacido es, solo comparativamente, como una plantita. No se puede valer por sí solo, todo hay que dárselo. Y es aquí donde comenzamos los padres a formar a nuestros hijos.

Como primer ejemplo de cómo preparar la llegada de un hijo, quisiera mencionar lo que hacen las aves. Todos nos hemos dado cuenta alguna vez de esto.  

Las aves empiezan a preparar el nido y diariamente llevan pajillas u otros elementos apropiados para construir lo que de más comodidad y seguridad a sus pichoncitos por llegar. ¿Hacen esto mismo todas las parejas que están esperando un niño? Hay algunas que si, otras que no. Pues todas deberían de hacerlo según sus recursos económicos.

Seremos y somos todo lo que comemos. Dar la alimentación natural que requiere el niño recién nacido, desde la leche materna hasta los diferentes alimentos que el niño pueda y deba recibir.

Aquí abrimos un paréntesis, para exigir que los gobiernos a través de sus organizaciones de salubridad en forma obligatoria tomen el cuidado de toda madre en proceso de gestación y  de su producto, por lo menos hasta que el niño cumpla tres años de nacido. Esta inversión es altamente productiva ya que el ciudadano del futuro tendrá una mejor participación en su contribución al estado.

Volviendo al hogar familiar, que es el ambiente donde se desarrolla el niño, éste debe establecerse apropiadamente bajo la disciplina del orden e higiene elemental.  El lazo de unión de la pareja debe estar basado en el amor y el  respeto mutuo, sin discusiones ni riñas, ni engaños, ni mentiras. El niño es en sus primeros años como una esponja que absorbe todo lo que ve, siente y experimenta. De ahí que el ejemplo de los padres debe de ser un modelo de buenas costumbres que sus hijos asimilarán y practicarán durante toda su vida.

No pretendemos ser poseedores de la verdad absoluta sobre esta materia, hay personas y organismos más capacitados para tratar este problema, nuestro propósito es humildemente expresar unas ideas básicas que puedan ayudar a las personas que nos leen  a despertar su inquietud en cómo cuidar y proteger el tesoro que hay en cada niño.

Queridos hermanos, a nosotros, ¡Sí, a todos nosotros!,  nos toca propagar la fe de nuestra Iglesia Católica y que no haya ningún niño que no sea Bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y pueda ser llamada Hijo de Dios.

Tomemos como ejemplo de madre y sus deberes maternales a la Santísima Virgen María que con su Santo esposo, San José, formaron la Sagrada Familia amorosa y religiosa donde vivió al amparo de su ejemplo: ¡El hombre más grande de toda la humanidad, Jesucristo nuestro Salvador!.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!


miércoles, 25 de febrero de 2015

Vía Crucis, Camino de Amor, Penitencia y Conversión.


El Vía Crucis es el recordar el camino que siguió Jesús para entregarnos su dolorosa pasión y muerte a cambio de nuestra Redención y de la Vida Eterna.

La celebración del Vía Crucis principia en El Pretorio y termina en El Calvario.

Está compuesto de Catorce Etapas llamadas Estaciones en las cuales se evocan los momentos más significativos que vivió Jesús en su recorrido de inmolación voluntaria por la salvación de la humanidad.

Se cuenta que por los principios del año 1300, los monjes franciscanos, que habían sido designados por el Papa para custodiar las reliquias sagradas en Jerusalén, iniciaron la Peregrinación Anual en memoria del camino que siguió Jesús desde su condenación a muerte por Poncio Pilato, hasta ser sepultado por sus discípulos después de su muerte en la cruz.

Esta costumbre se fue arraigando entre los cristianos de esa época y cada año acudían, desde lejanas regiones, muchos peregrinos a cumplir con el recorrido del Vía Crucis.

No tardó la Iglesia Católica en aceptar esta Santa Peregrinación como una Celebración Litúrgica y de cuya práctica, según los cánones establecidos,  se obtenían Gracias Especiales. Es así que por el siglo XVIII la Iglesia universalmente reconocía al Vía Crucis como un evento sagrado por el cual se otorgaba Indulgencia Plenaria.

En la actualidad el Vía Crucis se celebra principalmente durante el periodo de la Cuaresma en todas las Iglesias Católicas. En el Vaticano el Papa lo celebra el Viernes Santo en el Coliseo Romano, como un recordatorio a los mártires que ofrecieron su vida en ese lugar para señalarnos el camino a seguir.

Las Estaciones del Vía Crucis son catorce y son como sigue:

I      Jesús es condenado a muerte

II     Jesús carga con la cruz

III.   Jesús cae por primera vez

IV.   Jesús se encuentra con su madre

V.    Jesús es ayudado por el cireneo

VI.   La Verónica limpia el rostro de Jesús

VII.  Jesús cae por segunda vez

VIII. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

IX.   Jesús cae por tercera vez

X.    Jesús es despojado de sus vestiduras

XI.   Jesús es clavado en la cruz

XII.  Jesús muere en la cruz

XIII. Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su madre

XIV. Jesús es sepultado


Nota : En algunos lugares, sin ser oficial, se agrega una décimoquinta estación en la cual se  contempla la Resurrección de Jesús.

Tal como lo dice en el título de este artículo, el Vía Crucis es el camino de amor mediante el cual Jesús nos entrega su vida por nuestra redención. 


¡Oh invaluable sacrificio, que ofrece sin recompensa alguna

y que lo hace con el único fin de darnos la vida eterna 

y cumplir así la voluntad de Dios Padre!


El Vía Crucis es el camino de penitencia que debemos de cumplir todos para testimoniar nuestro arrepentimiento por los pecados cometidos, y lo hacemos viviendo en nosotros mismos la pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Por último, el Vía Crucis es también camino de conversión, porque por el amor que profesamos a Jesús y por nuestra entera libertad decidimos renovarnos, renunciando al vasallaje que hemos profesado al mundo material, a la carne y al pecado volviendo a convertirnos en fieles seguidores del camino que Jesús con su vida, pasión y muerte nos señaló.




Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!



miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Qué es ser Evangelizador?



Todos debemos, por nuestro compromiso Bautismal, ser Evangelizadores, pero no basta solo el don recibido del Espíritu Santo para convertirnos en verdaderos evangelizadores. 



¡Es una misión difícil y más en nuestro mundo actual!

Hay que prepararnos eficientemente, conscientes de lo que vamos a realizar, que será ni más ni menos que de llevar la Palabra de Dios a todos los seres humanos que la desconocen o que la conocen a medias...

Nuestra preparación debe encarar dos aspectos, el Espiritual y el Material, en términos globales:


  • Preparación Espiritual

Debemos de estar totalmente convencidos de que nuestra misión evangelizadora debe estar basada en el amor, tal como lo hiciera nuestro Maestro y Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret.

El amor tiene que ser la fuente de la cual debemos continuamente beber para seguir las huellas de Cristo y no perdernos en falsos caminos.

El amor que debe inundar nuestro corazón, no tiene límites, ni de tiempo ni de cantidad, ni de selección, debe ser eterno, infinito y total.

Nuestro amor no es para darse hoy y mañana, en este mes, en este año, es para darse siempre hasta la muerte.

Nuestro amor no es para darse durante una hora, un día, una jornada, nuestro amor no tiene descanso, no tiene un alto, nuestro amor es para darse continuamente, sin fin, ni  término.

Nuestro amor no es para solamente unos cuantos seleccionados, nuestro amor es para todos,  para quien lo necesite  lo quiera o no lo quiera recibir.


Otro punto espiritual básico y no menos ni más importante que el amor...
¡Es la Fe!

“La fe es la garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades
que no se ven.“

La fe es la fuerza del Espíritu Santo que nos induce a creer en Dios y en todo lo que de Él emane, sin dudas ni vacilaciones, la fe es la confirmación de nuestras creencias religiosas.

Nuestra fe nos es imprescindible para la misión de evangelizar, ¿cómo podremos compartir con otros lo que no tenemos? La fe es pues, el testimonio espiritual, de la verdad de la palabra de Jesús.

Si tenemos poca fe o una fe débil, debemos de pedirla a Dios, con respetuosa insistencia, hagamos como lo hicieron humildemente, los Apóstoles: “Auméntanos la fe.” Solo tenemos que decirle: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe.” Y para recibir la ayuda solo hay que pedirla. “Yo os digo: pedid y se os dará;  buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.” (Lc 11-9).

Son pues, nuestros Principios Espirituales para evangelizar: 

El Amor y La Fe.


  • Preparación Física o Material

Aunada a la Preparación Espiritual debemos poseer los carismas necesarios para la nueva Evangelización. Estos, entre otros, son los básicos: la Alegría, presente siempre en nuestro rostro


La alegría de saber que estamos entregando para el bien y su conocimiento,  al mismo Jesús, en nuestra misión. Y la firmeza en nuestro comportamiento y expresión corporal total. Para que nuestros hermanos vean en nosotros, como en una réplica humana, a nuestro Divino Salvador.

Quien tenga ya estos atributos y dones celestiales puede ya considerarse como probable evangelizador. Solo será necesario tener la unción sagrada de la Iglesia por intermedio de sus Representantes Pastorales y Parroquiales, la cual le identificará ante Dios Nuestro Señor como su humildes siervo digno de transmitir la Buena Nueva de la Salvación, anunciada por su Hijo muy Amado, el Mesías Esperado, Jesús Nuestro Señor.

Y sobre todo: 


“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra Santificación." (1 Ts 4, 3)





Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

miércoles, 30 de abril de 2014

¿Y Nosotros?... ¿Por Qué No Somos Santos?



¡Dios nos creó para que todos fuéramos Santos! 


Que todo ser humano bautizado sea distinguido por la Gracia de Dios para alcanzar la Santidad. “Sed santos en toda vuestra conducta como dice la escritura: 'Seréis Santos, porque Santo Soy Yo'.” (1 Pedro, 1, 15)

No solamente los sacerdotes o personas de ordenación religiosa pueden ser santos, sino todos los que vivimos en la fe y escuchamos el llamado y respondemos a él, podemos ser canonizados por nuestros méritos propios y la ayuda de Dios.

La santidad es un estado de perfecto equilibrio mental, espiritual y material conforme con la moral religiosa de la Iglesia Católica.
Llegar a ser Santo no es fácil, ni labor de un día, una semana, un mes o un año, ser santo es un camino que dura toda la vida, que empieza con tu irrenunciable compromiso el mismo día que recibes y aceptas el Llamado de Dios hasta el último instante de tu vida terrenal.

Los que están en el camino de ser santos, como seres humanos están sujetos a las mismas tentaciones que cualquier persona. En la vida de los santos encontramos muchos ejemplos de esta situación, ahí tenemos los ejemplos de San Francisco de Asís, los del Santo Padre Pío, los de Santa Catalina de Siena, San Antonio, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa de Ávila, y muchos, muchos más que nos obligarían a llenar muchas páginas sin acabar de nombrarlos a todos.

Pero estos hombres y mujeres de Dios lucharon fieramente contra las tentaciones, y aunque lo hubieron de hacer diariamente, su escudo protector era la fe, su celestial protector, San Miguel Arcángel y  su ángel de la guarda, su inspiración divina, la fortaleza del Espíritu Santo y sobre todo el infinito amor de Jesús Dios y Señor Nuestro.

Para llegar a la santidad se requiere de mucho esfuerzo, y que las circunstancias de la vida mundana no te alejen del camino señalado por Dios.
He aquí algunos factores que nos impiden a muchos ser santos, aunque creamos que tenemos las condiciones para obtener esta altísima gracia, que Dios nos ofrece a todos.

  • Primero: No escuchamos el llamado de Dios en nuestro corazón y si lo escuchamos no le respondemos por falta de fe, de amor y de vocación sincera.


  • Segundo: No comprendemos que la Santidad es un proceso gradual, que dura toda la vida y no se obtiene como un título después de haber aprobado unos exámenes. Nos falta humildad, paciencia y espíritu de sacrificio.


  • Tercero: Suponemos que la santidad es un don exclusivo y personal que solamente nos involucra a nosotros, sin aceptar que es también externo a nuestro ego y abarca a todo lo que nos rodea en nuestro cotidiano quehacer en la vida, como son todos los seres vivos racionales o irracionales, todos los elementos de la naturaleza, y a todas la situaciones y acontecimientos que experimentamos día a día.


  • Cuarto: Porque no tenemos el sumo grado de humildad que nos haga posponernos ante cualquier criatura de Dios.


  • Quinto: No reconocemos que la voluntad de Dios es indiscutible e insustituible y que debemos obedecerla y aceptarla sin dudas, vacilaciones o rechazo alguno.


Hermanos, si no hemos tenido la inmensa felicidad de estar en el camino de la santidad, no desmayemos en tratar de imitar a los santos que han tenido como su mayor satisfacción no ser más que templos vivientes donde por siempre tenga su morada la Santísima Trinidad y la ternura y amor de la Virgen María Madre de Dios.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!

miércoles, 15 de enero de 2014

¡Basta Ya!... sabed que Yo Soy Dios


“Paren y reconozcan que soy Dios, aclamado por pueblos y naciones.” (Salmos 46, 11)
¿Qué significan las palabras del título e igualmente las palabras del Salmo 46, 11?

La respuesta hay que meditarla  en el pleno conocimiento y entendimiento de la pregunta, encierra ella la disyuntiva de afirmar que la paciencia de Dios tiene un límite. Hay hechos en la Biblia que nos sugieren que Dios puede tener un colmo.

Cuando Adán y Eva fueron arrojados del paraíso; cuando en época de Noé envío el Diluvio Universal; cuando la destrucción de Sodoma y Gomorra; cuando envíó las plagas a los egipcios por faltar el Faraón a su promesa de liberar al pueblo judío.

¿Son éstas, muestras de las gotas que rebasaron el vaso de la Divina Misericordia de Dios?...



Pensemos y recapacitemos sobre la situación actual del espiritualismo, de la moral y de la religiosidad en el mundo.

Los hombres hemos desterrado de nuestros corazones el amor que Dios nos dio, para amarlo a Él, primeramente, y a nuestros semejantes y lo hemos reemplazado por la preferencia a los placeres materiales, pisoteando preceptos morales y olvidándonos de nuestro Padre Celestial.

Crisis suprema de valores, que nos azota como un vendaval de tinieblas y cegados por su oscuridad, no podemos ver la luz del faro divino, que nos orienta para llevarnos a Dios.

El hombre atenta contra el hombre, quitándole la vida, que es la creación y don de Dios. Lo hacemos por el  dinero, por el poder, por envidia, por las drogas, en fin... por el mal mismo, que ha echado raíces en nuestras almas.

Y como culmen de nuestra horrible maldad quitamos la vida a un ser engendrado, asesinando sin piedad a una inocente criatura, truncando así, una esperanza, silenciando una ilusión.

¿Y hasta cuando soportará Dios la ignominia de los hombres?

¿Hasta cuando dejará de escuchar a Jesús, su Divino Hijo, interceder por una contumaz pecadora humanidad?

El fin de los tiempos ya asoma su perfil en el horizonte. Las trompetas que anuncian el Juicio Final, prestas se encuentran  en las manos de los ángeles que esperan las órdenes de Dios.

Mientras tanto, ciegos ante la luz de la verdad, sordos ante la voz de nuestra conciencia vamos de la mano del maligno hacia nuestra eterna condenación.


¡¡Basta ya!!.  Despertemos de nuestra inconsciencia, renunciemos al pecado y de corazón, verdaderamente  arrepentidos, roguemos a Dios su perdón.

Hagamos oración, hagamos penitencia y recordemos que Jesús, el Hijo de Dios, se hizo hombre y vino al mundo para nuestra salvación. El murió en la cruz para el perdón de nuestros pecados, no permitamos que su sacrificio sea inútil.

Jesús nos llama con sus palabras, con su amor, con su ejemplo, volvamos ya a su lado, a su corazón, y arrojando el mal que nos corroe, hagamos su voluntad, amémoslo nuevamente, como Él siempre nos ha amado.

Queridos hermanos, llenemos nuestras Capillas de Adoración Eucarística Perpetua, con la fuerza que nos da el Espíritu Santo, con la fe que  derrama sobre nosotros Jesús Sacramentado y roguemos a Dios Padre que nos perdone y perdone a la humanidad porque no sabe lo que hace.

Y para sellar nuestra firme intención, pidamos a la Santísima Virgen María, nuestra Madre Celestial, símbolo de la pureza y del  amor más grandes, que sea nuestra intercesora de nuestro ruego de perdón, ante Dios Padre Todopoderoso.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!



miércoles, 19 de diciembre de 2012

La navidad, Jesús en nuestros Corazones


En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: 

¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?

Entonces Jesús llama a un niñito, lo coloca en medio de los discípulos y dice: 
“Les aseguro que si no cambian y vuelven a ser como niños, no podrán entrar al Reino de los Cielos. El que se hace pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos, y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibeSi alguien hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor les sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más hondo del mar.” (Mateo 18, 1-6)


Entonces Jesús los llamó para decirles: 
“Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo que quien no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.”(Lucas 18, 16-17)


Palabras de nuestro señor Jesucristo que expresan su infinito amor y su divina creencia en la niñez. ¿Hay acaso alguien que pueda odiar, corromper y hasta matar a un niño?... Dios mismo nos ha dado su sentencia.


Estamos próximos a celebrar la gran festividad del Nacimiento de Nuestro Salvador que se hizo hombre por obra del Espíritu Santo y nació de María, la Virgen. Esta fiesta es del Niño Dios para todos los seres del mundo y muy en especial para todos los niños. No hay niño que no espere ansiosamente la llegada del 25 de diciembre para adorar a Nuestro Dios en el humilde pesebre de Belén.

Los niños guiados por el amor de sus padres siguen sus enseñanzas y preceptos y creen fielmente todo lo que sus progenitores les dicen con la palabra y con el ejemplo. Somos pues, los padres, los responsables de lo que serán en el futuro nuestros hijos.

Ellos crecen rectamente con el apoyo de sus progenitores y la candorosa inocencia de sus almas infantiles, la más grande responsabilidad que nos entrega Dios desde el momento de su concepción.

Porque por sus frutos los conocerán...

De Buen árbol -> Buen fruto
y De Mal árbol -> Mal fruto. 

La Biblia lo confirma cuando dice: “Ustedes los conocerán por sus frutos. No se sacan uvas de los espinos, ni higos de los cardos. Todo árbol bueno da frutos buenos, y el árbol que no es bueno no los da"  (Mateo 7,16-17)


¡Llevemos la felicidad a cada niño en esta Pascua de Navidad!

¡Démosles un regalo, una sonrisa o una caricia!

¡Demostrémosles que los queremos y amamos con y por el Amor que Dios puso en nuestras almas para ponerlos en el corazoncito de los niños, los preferidos y amados por Jesús!



¡No hagamos distingos de ninguna categorización humana!... Todos los niños son niños, los negritos, los amarillos, los morenitos o los blancos; los mahometanos, los cristianos o los musulmanes; los pobres o los ricos; los enfermos o los sanos; los árabes o los judíos, absolutamente todos, sin excluir a ninguno, que seguramente Dios en el cielo sonreirá cuando le demos nuestro amor a cualquier niñita o niñito que veamos el 25 de diciembre por nuestro camino.


Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo rey!!!






miércoles, 21 de noviembre de 2012

Adviento: Tiempo Litúrgico que precede a la Navidad


Adviento es una palabra que proviene del latín “adventus” que significa: “Venida”. Por ejemplo: “Adventus Redemptoris” “Venida del Redentor”.

El Adviento es el primer periodo e iniciación del Nuevo Año Litúrgico; ocurre el Primer Domingo después de la festividad de Cristo Rey y se desarrolla en los cuatro domingos más próximos a la Navidad.

Durante este tiempo nos preparamos para recibir a Jesús en su primera venida al mundo como hombre Hijo Único de Dios. El tiempo de Adviento es celebrado por millones de fieles católicos en todo el mundo y se estima que su entronización global data desde la edad media, aunque como fiesta pagana fue celebrada por el pueblo germánico (raza que habitó la actual Alemania) como una esperanza de la venida de la primavera después del frío invierno y para tenerla presente construían una Corona con las ramas verdes de los pinos y abedules.

La festividad es realizada según la tradición de cada pueblo con pequeñas alteraciones que las diferencian unas de otras. Un ejemplo de ello son las velas que se colocan en la corona de adviento y  que varían en su cantidad y en sus colores. 

En la actualidad la  forma mas común y divulgada es la de colocar 
  •  Cuatro velas en la corona
    • Tres son de color morado o lila que simbolizan
      • La Penitencia
      • La Reflexión 
      • El Perdón 
    • Una de color rosa que representa la cercanía de la Llegada de Jesús.

Cada una de estas velas es encendida en cada uno de los cuatro domingos  de adviento.

Algunos acostumbran colocar una vela blanca al centro de la corona que representa la Luz de Nuestro Redentor y se enciende en la noche del día 24 de Diciembre. También se acostumbra el día 25 cambiar las tres velas moradas y la rosa por cuatro velas rojas que imaginan la gran festividad del Nacimiento del Mesías, Jesús Nuestro Salvador.

Dentro de las tradiciones de la fiesta de adviento existe una pequeña que dedica a cada domingo una de cuatro virtudes que habremos de practicar, recordar y  mejorar durante este tiempo litúrgico y que son como la tradición nos los relata:

  • Primer domingo: El Amor. Representado por el amor de Jesús  para con todos los seres humanos, y que debemos devolvérselo primeramente a Él, Dios y Señor Nuestro, y que luego debemos transferirlo de nuestro corazón a nuestro prójimo.
  • Segundo domingo: La Paz. Aquella que nos da Jesús con su saludo y bendición, esa que nos llena el alma de la tranquilidad que nos sumerge en un estado de santidad alcanzado por haberla recibido. Y recíprocamente dar esa misma paz, perdonando al hermano que nos ha ofendido o pidiendo que nos perdone al que nosotros hemos ofendido. 
  • Tercer domingo: La Humildad. Es la que nos enseña la Santísima Virgen María, Madre de Dios, que aceptó humildemente la voluntad de Dios y que con alegría permitió que su hijo muy amado naciera en un pesebre al calor que le daban dos animales sobre un colchoncito de hierbas y pajas. Humildad la de San Francisco de Asís que dejó todo, placer, fiestas y riquezas por servir a Dios y al hermano. Así también nosotros debemos ser humildes de corazón y aspirar solo a servir  y a cumplir la voluntad de Dios Nuestro Señor.
  • Cuarto domingo: La Fe. Base fundamental de nuestras creencias religiosas las cuales aceptamos sin dudas ni temores porque nos fueron entregadas por el mismo Jesús mediante el testimonio de su Santa Palabra en los Sagrados Evangelios. Fe que nos fue implantada en el alma por el Espíritu Santo el mismo día de nuestro Bautismo y que solo a nosotros corresponde mantenerla viva por toda nuestra vida terrenal hasta nuestra muerte en que ella nos llevará a nuestra eterna vida celestial.


Queridos hermanos preparémonos debidamente durante este tiempo de Adviento para recordar y celebrar el Nacimiento de Nuestro Redentor, poner en práctica sus divinas enseñanzas y esperar con fe su segunda venida con toda la majestad y poder con que fue ungido por ser el Hijo de Dios.  Y en nuestras visitas al Santísimo en las cuatro semanas previas a la Navidad pidámosle que incremente nuestro amor, paz, humildad y fe para glorificar a Dios Nuestro Señor Todopoderoso.


Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!