miércoles, 18 de marzo de 2015

La Virgen María en la Cuaresma y en la Pasión de Jesús.

¡Oh dulcísima Virgen María, Santa Madre de Dios, permite que en este preámbulo de la Inmolación de tu Divino Hijo, intente  describir lo indescriptible, sentir en el alma el éxtasis de un dolor que solamente tú, oh reina mía, pudiste experimentar!

El próximo viernes de la quinta semana de Cuaresma, la liturgia establece un Rito Ceremonial que recuerda el infinito sufrimiento y dolor de la madre de Jesús, nuestro Redentor.

No hay testimonios, ni de palabra ni de escritura que nos digan qué sucedía en María durante las horas terribles en que su Divino Hijo fue traicionado por uno de sus discípulos y entregado al romano Pilatos para ser juzgado como un vulgar criminal. Y que éste lavándose las manos le arrojó a la miserable muchedumbre que pedía a gritos su vida para saciar la perversidad de sus insensibles corazones.

María, de seguro, no desconocía lo que estaba sucediendo con su amadísimo y Divino Hijo... ¡Cuán grande sería la angustia y el dolor que se clavaban en su bendito corazón ante el palpable horror de los abominables hechos! 

Era una herida de la espada que atravesaba su corazón, tal como se lo había predicho el anciano Simeón, el día de la presentación al templo del pequeño Jesús.

Tal vez, también la Santísima Madre, fue testigo presente de todos los insultos, oprobios  y vejaciones con que la bestialidad del populacho y la incultura de la soldadesca romana laceraron el cuerpo de Jesús, su Divino Hijo.

Imaginémonos qué tribulación tan inmensa sacudieron en esos horrendos momentos las más sensibles y finas fibras de su celestial alma. Solo la fe y la obediencia a la voluntad de Dios, una vez más, le dieron la fortaleza para soportar en silencio y con humildad su dolor de madre.

El Viernes Santo, la Virgen  María acompañó a su amado hijo durante todo el camino de pasión hacia la cima del Gólgota. Lo hizo calladamente, observándolo de lejos, con el corazón atravesado por  el dolor de la espada profética de Simeón. Sus delicados piececitos sangraban heridos por el filo de los cascajos del camino al Gólgota. Y al unísono sangrado interno de su amor de madre, sus dulces ojos derramaban lagrimas de infinita amargura.

Llegó el momento tan ansiado por ella, cuando Jesús con su cruz a cuestas, divisó a su madre en la multitud y sus miradas se cruzaron, ¡qué dulce conjunción de amor y de dolor!, ¡qué sinfonía de amalgama de hijo y madre en una callada caricia de majestuosa y mutua divinidad!.

Y siguió el cortejo del sacrificio del Cordero de Dios, y llegando al final del camino en la tierra se iniciaba el de la Salvación de la Humanidad. Y Jesús fue clavado en la cruz y su madre observaba y lloraba, y junto a su amado hijo sufría también su  propia agonía. 

Jesús viéndola la ungió como madre nuestra diciendo "Mujer he ahí a tu hijo" refiriéndose a Juan y con él a todos los hombres, y luego para confirmar lo primeramente expresado,  le dice a Juan  "He ahí a tu madre".

Y se cumple lo decretado por la Voluntad de Dios, Jesús expira en la cruz y los hombres han obtenido a cambio de su muerte la vida eterna.

El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su Santísima Madre que sollozando y envuelta en el más inmenso sentimiento de dolor y amor, recuerda  la primera noche del nacimiento de Jesús en Belén,  en que le dio toda la alegría y toda la ternura, cuando lo estrechó en sus brazos y lo acercó a su corazón.


¡Dulce Virgen María, amor de mi vida, consuelo de mis pesares, 

hoy quiero acompañarte en tu Vía Crucis, 

siguiendo a Jesús, para darle a Él mi vida,

y a tí mi corazón!.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

jueves, 12 de marzo de 2015

El Poder de Nuestra Fe.


¡Cuán a menudo hacemos oración y plegarias en busca de una solución a nuestro problema...  y no nos vemos favorecidos por la Divina Providencia en la resolución de lo que hemos solicitado!

En ese momento, nos embarga un sentimiento de amarga desilusión porque no hemos recibido la ayuda que pedimos y que esperábamos nos fuera concedida.

Meditamos sobre la forma en que hicimos la petición y no encontramos nada que fuera impedimento para que Dios, con su infinita misericordia nos pudiera complacer y un tanto desilusionados reprochamos la negativa Divina.

Ahora bien, veamos cómo y por qué no hemos obtenido el favor solicitado.

Dios no es una tienda de venta de consumibles ni una tienda de autoservicio en donde podemos adquirir lo que queremos tener.

Dios es nuestro Creador y Dueño de nuestra vida, tanto material como espiritual.

Primero debemos saber cómo pedirle las cosas a nuestro Dios, 
  • No debemos exigir, debemos siempre rogar, pero rogar humildemente sin poner como coadyuvante la cantidad de oraciones empleadas ni las veces que le hemos rendido adoración especial. ¡No! Dios no escucha al que se cree merecedor de su misericordia por lo que ha hecho sino por lo que está haciendo en el momento de su ruego.
  • Es deber imprescindible nuestra total confianza en la respuesta que obtendremos de Dios, sea ésta positiva o negativa a nuestras personales expectativas.  Es decir positiva cuando se cumple la solución a nuestro problema y negativa cuando no pasa nada o suceden hechos muy contrarios a lo que hemos solicitado.
  • Bien, Dios sabe lo que hace y lo que es bueno para nosotros. Él nunca va a permitir o proponer algo que vaya en contra nuestra, si nos dio la vida por el infinito amor que nos tiene, ¿Cómo crees que va a originar algo que nos sea dañino y malo?.... ¡Eso nunca pasará!
  • Siempre que te permitas dirigirte a Dios para solicitarle un favor verdaderamente especial tienes que decirle con honestidad y sinceridad que se haga la voluntad de Él y no la tuya. Dios sabe qué es lo que acontecerá con su decisión aunque tú no lo comprendas, al final una negativa se transformará en algo que será benéfico para tu vida tanto física como espiritual.
  • ¡Otra cosa muy importante!... Las respuestas de Dios no son “Respuestas Express” pueden tardar en lo que es para ti la duración del tiempo, pero para Él primero estás tú y tu salvación. Recuerda que Dios envió a su único Hijo, Nuestro Señor Jesucristo para salvarnos y darnos la vida eterna, por lo tanto su respuesta debe ser aceptada con humildad, con amor y con agradecimientoSobre todo con Agradecimiento, porque esta respuesta es un beneficio recibido de Dios.
  • Un punto de suma importancia es la Fe. La Fe es creer en lo que no vemos, ni oímos, ni sentimos… La Fe es algo más grande y divino que nos fue entregado por Dios como un don a través del Espíritu Santo, y si lo que hacemos en nuestra relación con Dios carece de verdadera Fe, no llegará ni una de nuestras palabras y ninguno de nuestros pensamientos al entendimiento de Dios.

Alguna vez alguien me preguntó ¿Qué es la Fe? Y sin pensarlo mucho le respondí: “Fe es decirle Mamá a tu mamá"...
después de una larga explicación esa persona entendió rudimentariamente lo que era la fe. Ahora tú pregúntate… 

¿Por qué sé que mi mamá es mi mamá?... 

Otra respuesta de la fe es la oración del CREDO, es un compendio total de la Fe, de nuestra Fe.
  • Por último, por no ser lo primero, siempre que quieras pedir algo a Dios, hazlo a través de un intercesor ya sea el santo de tu devoción o la Santísima Virgen María, madre de Dios. 
Personalmente siempre lo hago a través de la Inmaculada Virgen María Madre de Dios. Su ternura y amor de Madre siempre me han protegido y ayudado en toda mi vida desde que nací y hasta que sea el último día que Dios me permita transitar por este mundo.



Alabado y Adorado sea por Siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

miércoles, 4 de marzo de 2015

El Papa Francisco nos sugiere...


En estos tiempos de Cuaresma, tiempos de penitencia, reflexión y conversión, debemos prepararnos adecuadamente para celebrar con júbilo, en un corazón renovado, la Pascua de Resurrección

¡La máxima expresión de nuestra fe y amor por Nuestro Redentor, 
Jesucristo, Dios y Señor de toda la humanidad!


El Papa Francisco durante las últimas homilías dichas en la celebración Eucarística diaria, que celebra en el Domus de Santa Marta, entre otras cosas ha mencionado que la hipocresía es uno de los peores pecados cometidos por los hombres y que más disgustan a Dios.


Menciona que los Maestros de la Ley y los Fariseos son el icono más representativo y elocuente del hipócrita, aquel que finge o aparenta cualidades que no se tienen.

Mateo 23, 2-7; 29 "Los Maestros de la Ley y los Fariseos han ocupado el puesto que dejó Moisés. Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten,  porque ellos enseñan y no practican, todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente y los largos flecos de su manto. Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. Les agrada que los saluden en las plazas y que las gentes los llamen Maestro. Ay de ustedes, Maestros de la Ley y Fariseos que son unos hipócritas."

Lo anterior nos sirva para reflexionar sobre nuestras acciones durante la Cuaresma, los Vías Crucis, Retiros Espirituales y otras manifestaciones de penitencia; ¿las hacemos para que nos vean los demás? ¿o para manifestar lo que verdaderamente sentimos en nuestros corazones, nuestro humilde amor por Cristo y lo que significa su inmolación para nuestra salvación?.

Además de las manifestaciones colectivas de Penitencia Cuaresmal, existen y muy importantes son las que hacemos nosotros solos, sin espectadores ni testigos, de aquellas que solo ve Dios que todo lo sabe y todo lo ve.

Primeramente seamos verdaderamente humildes, por más que creamos que nuestra ofrenda a Jesús es la más pura y sincera, pensemos de corazón que nos es lo suficientemente digna de lo que merece nuestro Dios.

Despojémonos de toda mancha de orgullo y vanidad personal y seamos en nuestra presentación a Dios como el más pequeño e insignificante de sus hijos, que no aspira otra cosa que agradecer por tener un Dios tan bueno como el que tenemos y por quien daríamos amorosamente la vida que Él nos regaló.

Cada día de Cuaresma hagamos una acción que agrade a Dios, privarnos penitencialmente de algo que nos gusta, una fruta, una telenovela, un juego de futbol, escuchar música, ver al novio o la novia, o cualquier otra actividad que nos proporcione una satisfacción principalmente de orden material o física.

Otra forma de mostrar nuestro amor a Dios personalmente es también dar una ayuda a los pobres, visitar a un enfermo, llamar a un amigo distanciado, en fin hay tantas maneras , que cada uno sabe que es lo que puede dar de lo que no le sobre sino de lo que verdaderamente necesite y lo quiera compartir con su prójimo.

¡Esta es la verdadera penitencia, 
la que es agradable a nuestro creador!

Haz cada día una buena acción de corazón y te estarás preparando para celebrar la Pascua de Resurrección con la humilde satisfacción de haber con ella dado de beber una gota de dulzura al Cristo crucificado y sediento de amor, que padece cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo por la despiadada ingratitud de un mundo sumido en las tinieblas de su propia maldad.

Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!



miércoles, 25 de febrero de 2015

Vía Crucis, Camino de Amor, Penitencia y Conversión.


El Vía Crucis es el recordar el camino que siguió Jesús para entregarnos su dolorosa pasión y muerte a cambio de nuestra Redención y de la Vida Eterna.

La celebración del Vía Crucis principia en El Pretorio y termina en El Calvario.

Está compuesto de Catorce Etapas llamadas Estaciones en las cuales se evocan los momentos más significativos que vivió Jesús en su recorrido de inmolación voluntaria por la salvación de la humanidad.

Se cuenta que por los principios del año 1300, los monjes franciscanos, que habían sido designados por el Papa para custodiar las reliquias sagradas en Jerusalén, iniciaron la Peregrinación Anual en memoria del camino que siguió Jesús desde su condenación a muerte por Poncio Pilato, hasta ser sepultado por sus discípulos después de su muerte en la cruz.

Esta costumbre se fue arraigando entre los cristianos de esa época y cada año acudían, desde lejanas regiones, muchos peregrinos a cumplir con el recorrido del Vía Crucis.

No tardó la Iglesia Católica en aceptar esta Santa Peregrinación como una Celebración Litúrgica y de cuya práctica, según los cánones establecidos,  se obtenían Gracias Especiales. Es así que por el siglo XVIII la Iglesia universalmente reconocía al Vía Crucis como un evento sagrado por el cual se otorgaba Indulgencia Plenaria.

En la actualidad el Vía Crucis se celebra principalmente durante el periodo de la Cuaresma en todas las Iglesias Católicas. En el Vaticano el Papa lo celebra el Viernes Santo en el Coliseo Romano, como un recordatorio a los mártires que ofrecieron su vida en ese lugar para señalarnos el camino a seguir.

Las Estaciones del Vía Crucis son catorce y son como sigue:

I      Jesús es condenado a muerte

II     Jesús carga con la cruz

III.   Jesús cae por primera vez

IV.   Jesús se encuentra con su madre

V.    Jesús es ayudado por el cireneo

VI.   La Verónica limpia el rostro de Jesús

VII.  Jesús cae por segunda vez

VIII. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

IX.   Jesús cae por tercera vez

X.    Jesús es despojado de sus vestiduras

XI.   Jesús es clavado en la cruz

XII.  Jesús muere en la cruz

XIII. Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su madre

XIV. Jesús es sepultado


Nota : En algunos lugares, sin ser oficial, se agrega una décimoquinta estación en la cual se  contempla la Resurrección de Jesús.

Tal como lo dice en el título de este artículo, el Vía Crucis es el camino de amor mediante el cual Jesús nos entrega su vida por nuestra redención. 


¡Oh invaluable sacrificio, que ofrece sin recompensa alguna

y que lo hace con el único fin de darnos la vida eterna 

y cumplir así la voluntad de Dios Padre!


El Vía Crucis es el camino de penitencia que debemos de cumplir todos para testimoniar nuestro arrepentimiento por los pecados cometidos, y lo hacemos viviendo en nosotros mismos la pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Por último, el Vía Crucis es también camino de conversión, porque por el amor que profesamos a Jesús y por nuestra entera libertad decidimos renovarnos, renunciando al vasallaje que hemos profesado al mundo material, a la carne y al pecado volviendo a convertirnos en fieles seguidores del camino que Jesús con su vida, pasión y muerte nos señaló.




Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!



jueves, 19 de febrero de 2015

Miércoles de Ceniza en la Religión Católica. Historia y Actualidad.


El Miércoles de Ceniza señala en el Calendario Litúrgico Católico el Inicio del Tiempo de Cuaresma que es un periodo de Cuarenta días, durante el cual los católicos nos preparamos para la celebración de la Pascua de Resurrección.


Antiguamente, los judíos y otros pueblos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio. Los ninivitas también lo hacían y usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. 

La ceniza era en aquellos tiempos, una forma de mostrar Luto y Penitencia públicamente.

La Biblia menciona en múltiples ocasiones a pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo, como por ejemplo en Mt 11, 21,  y también se muestra como un término simbólico de:
Humillación ante Dios.- Gén 18,27 : "Abraham, le dijo: reconozco que he sido muy atrevido al dirigirme a Mi Señor, yo, que soy polvo y ceniza"
Arrepentimiento.- Daniel 9,3. "Entonces me puse a orar y a dirigir mis suplicas al Señor, mi Dios. Además de orar, ayuné y me senté sobre cenizas"
Vergüenza.- 2 Samuel 13, 18-19. "Así que el criado la echó de la casa (...) al salir se echó ceniza en la cabeza, se rasgó la túnica, y llevándose las manos a la cabeza, se fue por el camino llorando a gritos". 
Dolor y penitencia.- Job 42,6. "Por esto,  retiro mis palabras y hago penitencia sobre el polvo y la ceniza"

En el año 384 DC, la Cuaresma adquirió un sentido Penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI la Iglesia de Roma, por medio del Papa Urbano VI en el Concilio de Bonavento prescribió el poner las cenizas a todos los cristianos.

Los 40 días de Penitencia y Conversión de la Cuaresma expresan los acontecimientos notables descritos en la Biblia en su interpretación hecha por los hebreos en torno al número 40, como:
  • La Duración del Diluvio Universal : 40 días y 40 noches, 
  • El tiempo que duró la Huída de los Judíos por el Desierto:  40 años,
  • Los 40 días que estuvo Moisés en la montaña y
  • Los  40 días que pasó Jesús en el desierto, antes de iniciar su vida pública.


Actualmente la Cuaresma es celebrada en las Iglesias, Católica, Ortodoxa, Anglicana y buena parte de las Protestantes, aunque con inicios y términos diferentes.

En la Iglesia Católica la Cuaresma empieza con el Miércoles de Ceniza hasta el último Domingo de Cuaresma o sea el Domingo de Ramos.

Durante estos cuarenta días se exhorta a todos los fieles a prepararse física y espiritualmente para celebrar solemne y adecuadamente la Pascua de Resurrección. Se propician actos litúrgicos que se celebran universalmente en todas las parroquias, entre los que podemos señalar el Vía Crucis y los Retiros Espirituales. Cuyo fin es el concientizar a los participantes en reafirmar sus intenciones de realizar una verdadera reflexión de arrepentimiento  y penitencia, que los lleve a una renovación permanente de sus principios religiosos.

En el aspecto individual, el católico debe saber con plenitud,  el propósito de este periodo de luto y dolor,  de penitencia, arrepentimiento y purificación, para que terminado éste, todo su ser -tanto material como espiritual-, estén preparados a celebrar dignamente el acontecimiento culmen de nuestra Santa Religión, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Redentor, Dios y Señor, Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios.

La oración, el ayuno y la abstinencia son poderosos motores que impulsan al alma a lanzarse en la busca de una reconciliación con Dios.

Queridos hermanos, no desperdiciemos la oportunidad que la misericordia de Dios nos ofrece para que en unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, seamos todos un solo todo.

¡Prepárate con toda propiedad, con absoluta sinceridad, y con un inmenso amor a nuestro eterno e infinito Dios creador!,  para que esta Santa Cuaresma sea la cuaresma que Jesús espera de tí.



Bendito y Alabado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

miércoles, 11 de febrero de 2015

El Gran Amor que nos profesa la Santísima Virgen María

Hoy 11 de Febrero la Iglesia Católica celebra la Aparición de Nuestra Señora de Lourdes.

El 11 de Febrero de 1858, en Lourdes, Francia, aconteció que una niña llamada Bernardita, junto con su hermana y otra niña, caminaban por el campo. De pronto al pie un arroyo se hizo presente la figura de una Señora resplandeciente en luces doradas; llevaba un vestido blanco y un manto celeste. El vestido lo tenía ceñido por una ancha faja azul e iba descalza y sobre cada uno de sus pies descansaba una rosa dorada. En su mano llevaba un Rosario. 

Esta es la fiel descripción de la Primera Aparición de la Advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes, que días después reveló a Bernardita que ella era la Inmaculada Concepción.

Esta pequeña y humilde introducción nos permite abrir nuestra mente y corazón para proclamar apasionadamente el infinito amor que nos tiene a todos los seres humanos la dulce y Santísima Virgen María, madre de Dios Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Son muchas las apariciones de la Virgen María en el mundo, bajo diferentes nombres o advocaciones. Como por ejemplo, la Virgen de Fátima, la Virgen del Pilar, la Virgen de Guadalupe, la Virgen del Cobre, la Virgen de Luján y muchísimas otras. No mencionamos más porque sería redundar en lo que queremos compartir... el inconmensurable amor de María, la Reina del Cielo y de la Tierra.

La Madre de Dios, nuestra celestial intercesora, ¡Es sólo una! y si ella se nos presenta bajo diferentes aspectos, es solo con el fin único, de que todos sus hijos, en diferentes regiones, zonas y países del mundo, la puedan identificar con su propia imagen. 

Sus rasgos físicos, sus vestimentas, sus idiomas o lenguas, pueden ser diversos, pero su inmaculado corazón es el mismo, rebosante de infinito amor, aún para el más pequeño y humilde de sus hijos.


Quien no ha sentido en su alma el eco del candoroso amor de María...,
¡No ha disfrutado del supremo sentimiento de dicha 
que nos traspasa de lado a lado el corazón!

Quien no ha visto en los dulces ojos de María su tierna mirada,
que nos hace palpitar como luciérnagas de plata en la oscuridad...,
¡No sabe lo que es el tañer de campanas de ensueño
en toda la dimensión del alma!

Quien no percibe en sus cinco sentidos la total bendición
de tener a María como nuestra madre celestial...,
¡No tiene completa noción de tener como madre
a la Dulce Madre de Nuestro Redentor!

Quien no siente en sus ojos desbordar una cascada
de lagrimas del corazón incensario, 
cuando de rodillas alabamos cantando a María...,
¡No tiene ni siente el amor que merece
la que es el símbolo celeste del amor maternal!

Santísima Virgen María:
más que tú... ¡Sólo Dios!



Bendito y Alabado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Aceptar y Cumplir la Voluntad de Dios.


Como devotos y fieles cristianos católicos debemos someternos humildemente a los designios que nuestro Dios Todopoderoso ha dispuesto para nuestra vida. 

Dios nos ama infinitamente y jamás podrá establecer hechos o acontecimientos que puedan ocasionarnos un mal. Al contrario, su única misión es nuestra salvación, por lo tanto,  todo acto que se origine en la voluntad de Dios para con nosotros, es un medio que nos conduce a la vida eterna.

Es tan grande el amor que nos tiene Dios a los hombres, que envió a su Hijo Unigénito para que con su inmolación fuéramos redimidos. Jesús, cumplió la voluntad del Padre porque de antemano sabía que tendría que morir para que con su muerte pudiéramos alcanzar la vida eterna.

Somos hijos de Dios al ser bautizados con la gracia del Espíritu Santo y por lo tanto  hermanos de Jesús, quien nos lo confirma en Mc 3, 35 que dice:

"Quien cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, 
mi hermana, y mi madre."

La alegría de decirle a Dios nos la da la Santísima Virgen María en su obediencia a la palabra de Dios y a su disponibilidad total de abandono en aceptar que se hiciera en ella  la voluntad de Dios.

Si nuestro amadísimo Señor Jesús y nuestra venerada Santísima Virgen María cumplieron, con amor de hijo y con amor de madre, la divina voluntad de Dios Padre, 

¿Por qué nosotros, no la aceptamos, 
desobedeciéndola con pecaminosa soberbia?

Quien esté libre de este pecado o quien jamás lo haya cometido, que se arrepienta y pida perdón, por haber mentido.

¿Quién no ha pedido en arrebatada plegaria que Dios salve de la muerte a un ser querido?... Mas si el beneficiado muere, el solicitante, en su amargura se vuelve contra Dios ¡y le censura airadamente!, o en silencio piensa "Dios mío, ¿por qué no escuchaste mi plegaria?". En ambos casos ninguno cumple la voluntad de dios, que era, probablemente, la de llevar esa alma al lugar que sus méritos le tenían predestinada.

Dios establece nuestra vida de antemano, cuándo debemos nacer y cuándo debemos morir. Esa es su voluntad porque Él es Nuestro Creador. Nuestro destino lo determinamos nosotros mismos con nuestra razonada sumisión al bien o al mal.

Existen muchas religiones que tienen sus propias definiciones sobre la libertad que tiene el ser humano de actuar o pensar. La religión católica en su Manual de Catecismo Católico trata extensamente sobre este tema y las personas interesadas en el tema,  pueden acudir al manual citado.

Es difícil para un ser humano aceptar la voluntad de otro ser humano, ya sea por orgullo, por presunción o por vanidad personal, pero la Voluntad de Dios ¡Es la Voluntad de Dios! y para ella solo debemos tener nuestro humilde y alegre acatamiento.

Pidámosle  a Dios que podamos tener en nuestra vida personal la  misma disponibilidad  con que la Santísima Virgen María aceptó su voluntad.

Que la humildad sea el camino que nos lleve a cumplir con los propósitos que nos tiene señalados para nuestro bien, el amor de nuestro Dios Todopoderoso.



Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!