jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Qué quiere Dios de Nosotros?...

Es lógico que siendo Dios nuestro Padre y Creador nos hiciera con todo su amor a su imagen y semejanza, y también nos escogió un lugar creado por Él expresamente para que viviéramos eternamente en Él, amándole recíprocamente con el mismo amor que Él nos daba.


Nos rodeó de infinidad de árboles de cuyos frutos podíamos disfrutar a nuestro placer y solamente nos hizo una advertencia, que no comiéramos del árbol del mal.
Pero no obedecimos y tentados por el demonio quebrantamos el mandamiento de Dios y fuimos expulsados del Paraíso y con ello perdimos la gracia de nuestro Padre y Creador.



Nuestra descendencia creció y se multiplicó poblando la tierra y junto con el aumento de la vida sobrevino el aumento del pecado y de la muerte... pero Dios, en su infinita misericordia, se hizo hombre por obra y gracia del Espíritu Santo, con el fin de salvarnos del pecado y de la muerte, entregándose en la Cruz para que su sacrificio nos devolviera su Gracia y vida eterna.

Pero esta vez también nos hizo una advertencia por medio de su amado hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que la nueva alianza entre Dios y el hombre permanecería en nosotros con todas sus prerrogativas por toda la eternidad si solamente cumpliéramos con lo que Él, Nuestro Padre, quisiera que hiciéramos por nuestra propia voluntad:



  • Que le amaramos a Él sobre todas las cosas, sin límite ni fin. Que no hubiera nada ni nadie que pudiera anteponerse a su divinidad absoluta y todopoderosa. Y ahí están las palabras de Jesús diciéndonos: “El que quiera seguirme que abandone todo, tome su cruz y me siga.”



  • Que amaramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Palabras contundentes y sin regateo de amor y piedad que muchas veces no comprendemos en su integridad, y que quieren decir que le entreguemos al amigo o al enemigo todo lo que deseamos para nosotros con sinceridad del corazón. Sin esperar retribución alguna, solo la del gozo y la alegría de cumplir con lo indicado por Dios para su gloria y alabanza. Aquí Jesús nos acerca a Él y nos separa de las cosas de la tierra para que podamos comprender las cosas del cielo. Lo que hagamos por uno de nuestros hermanos, Jesús lo cuenta como si lo hubiéramos hecho por Él.


  • Que oremos continuamente, que la oración es la salvación del mundo, la Santísima Virgen María nos lo pide continuamente en las apariciones de sus diferentes advocaciones. Pidámosle a Jesús, por el sufrimiento que padeció en la cruz por causa del rechazo del mundo, que nos cure de nuestro orgullo y soberbia y que nos haga como Él, perfectamente dóciles a la voluntad del Padre. Que nos olvidemos de segregaciones, castas y razas y que seamos un solo rebaño con un solo pastor.


  • Que rechacemos las riquezas terrenales y amemos la humildad de la pobreza. Y sigamos lo escrito en la Biblia que dice: “Siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de que se enriquecieran con su pobreza.”




Hermanos, cumplamos con la voluntad de Dios y con nuestra visita semanal a la Capilla de AEP y oremos por la unidad de la familia, por la unión de nuestro país y por la globalización Eucarística del Todo el Mundo para que se cumplan los deseos de nuestro querido Beato Juan Pablo II que dijo:


”El día que haya una Capilla de Adoración Eucarística en cada parroquia de todo el Mundo será el Día de Nuestro Señor Jesucristo.”



ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

jueves, 25 de agosto de 2011

La Muerte, su Semilla y Frutos

La Muerte es el precio del Pecado. Dios Padre castigó la desobediencia de nuestros primeros padres con la muerte y por esto, desde su origen es la opción del ser humano por el mal. Todos los seres humanos llevamos en nosotros mismos la semilla de la muerte, heredada de Nuestros Padres Adán y Eva. Sin embargo Dios, en su infinita misericordia, nos libera de la muerte por el sacrificio de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, quien se inmoló por nuestra redención.

De lo anterior se desprenden dos verdades irrefutables:


Primera: Todos debemos morir porque somos pecadores.


Segunda: Jesús venció a la muerte y resucitó, así también todos los que sigamos a Jesús en nuestra vida terrenal resucitaremos de la muerte y viviremos eternamente junto a Él en su Reino Celestial.

No obstante que los católicos sabemos que Jesús derrotó a la muerte y resucitó de entre los muertos y subió al cielo y por ende también nos hizo partícipes de su inmortalidad por medio de su sacrificio en la cruz,

¡Tenemos temor a enfrentarnos con la muerte,
sabiendo que ella es parte de nuestra vida!



Todos tenemos necesariamente que morir algún día, pero aquellos que estén preparados para el final de su existencia material, siguiendo los mandamientos y preceptos de nuestra Santa Iglesia, gozaremos de la vida eterna en compañía del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo e igualmente de La Santísima Virgen María, y de los ángeles y santos del cielo.

No debemos a la muerte de un familiar por muy cercano que sea, o de un amigo por muy íntimo que este sea, llorarlos como si les hubiera sucedido una desgracia. Más bien debemos aceptar amorosa y humildemente la voluntad Dios nuestro Señor.
Es cierto que al perder a un ser querido, el dolor que nos embarga es un tanto egoísta, porque pensamos que ya no volveremos a estar junto a él o ella en este mundo terrenal, pero pensemos en la gloria inmensa que le espera al difunto el encontrarse con su Creador y eso lo dicen los textos sagrados: “que no podemos imaginarnos la dicha que nos tiene reservada Nuestro Dios el día de nuestra partida.”


Sean pues nuestras palabras hacia un hermano agobiado por la muerte de un ser querido no de pésame y de dolor compartido, sino de consuelo y de obediencia por el hecho dispuesto por la voluntad de Dios Nuestro Señor por el bien del alma que estará acogiéndola en el infinito remanso de su paz y la eternidad de su santísimo amor paternal.

Hermanos, recordemos para esta ocasión lo versos escritos por Santa Teresa:



VEN, MUERTE, TAN ESCONDIDA
QUE NO TE SIENTA VENIR
PORQUE EL PLACER DE MORIR
NO ME VUELVA A DAR LA VIDA.



Por último tengamos presente que a la muerte de algún ser querido...

No hay ofrenda más digna que una oración que nos brote sincera y humilde de nuestro corazón por el alma de aquel que se elevó a la eternidad de Dios Nuestro Señor.




ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

jueves, 18 de agosto de 2011

Las Tentaciones y Nuestros Defensores.

Las tentaciones no son pecados, lo expresa definitivamente La Santa Iglesia Católica, son intentos del demonio en llevarnos al pecado cuando aceptamos conscientemente sus tentaciones. Es decir, nosotros y solo nosotros somos culpables de nuestros pecados.



Las tentaciones son pruebas a nuestra fe y fortaleza; y debemos rechazarlas en cuanto se nos presentan aunque tengan la apariencia de buenas acciones, porque el demonio es astuto y siempre tratará de engañarnos.


Una de las formas mas comunes utilizadas por el mal para hacernos caer es la de ensalzar nuestra soberbia, acrecentando nuestra vanidad por hechos notables o excelentes acciones que nos las atribuye solamente a nuestra capacidad, dejando de lado la ayuda que siempre recibimos de nuestro Dios y Señor.


Dios nos concede las gracias de la vigilancia y de la oración en nuestra lucha contra las tentaciones.


Ya lo expresó por medio de Jesús cuando dijo:

“Vigilen y Oren para no caer en la tentación.” Mateo 26, 41.


Vigilar consiste en alejarnos de las ocasiones peligrosas que sabemos nos pueden llevar a pecar.



El demonio no hace excepciones para sembrar la semilla de la tentación en el ser humano, lo hace con santos, hombres o mujeres, ricos o pobres, creyentes o no creyentes, sacerdotes o laicos no exceptúa a nadie, todos estamos en la mira de su voraz malignidad.




Hasta a Jesús quiso tentar el demonio cuando oraba en el desierto. Todos nosotros conocemos este hecho de irreverente atrevimiento, pero Jesús de inmediato lo alejó y por tres veces trató de tentarlo nuevamente hasta que el Hijo del Hombre le alejó para siempre diciendo: “Vete, Satanás, porque la escritura dice: Adora al Señor tu Dios y sírvele sólo a Él. Este hecho nos demuestra que el demonio no se detiene ante nada y ante nadie para cumplir su principal cometido, el de hacer pecar al hombre y por ende a la humanidad.



Para combatir las tentaciones poseemos dos defensores externos, primero y ante todo, Dios Todopoderoso, que siempre está dispuesto a ayudarnos en los trances de peligro y a quien debemos invocar cuando las ocasiones de pecar se nos aproximen.




También tenemos al Arcángel San Miguel, quien fue uno de los 7 Arcángeles celestiales y quien encabezó la causa de Dios cuando Luzbel se rebeló en contra de Dios. Fue el líder de los ejércitos celestiales, quien infundió la fe y fortaleza a los ángeles del Señor para derrotar y desterrar del Reino de Dios al soberbio rebelde. Son muchas las oraciones escritas para solicitar la ayuda de San Miguel, cualquiera que usen será suficiente para que de inmediato se haga presente y haga huir al demonio, que enfurecido ante su más encumbrado enemigo no le opone resistencia y huye a refugiarse derrotado en el submundo de las tinieblas de su guarida infernal.


Para terminar, queridos hermanos en Jesucristo, tenemos al Espíritu Santo, consolador y defensor nuestro desde que descendió sobre todos nosotros el día de nuestro bautismo. El Espíritu Santo nos da la fe y fortaleza para combatir las arremetidas del demonio y de sus artimañas para hacernos pecar. Con sólo invocar su ayuda, las tentaciones desaparecen de nuestra alma y no importara cuantas veces sean las que le llamemos, siempre acudirá a socorrernos.


Por esto hermanos no aceptemos las tentaciones, rechacèmoslas de inmediato, Dios está con Nosotros... ¿quién podrá estar es Su contra?


ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

jueves, 11 de agosto de 2011

La Fe, Irreductible Fortaleza de Nuestra Voluntad y Base de Nuestras Creencias


La fe es como la raíz de una planta, que no la vemos a simple vista pero es la que lo sostiene y le da vida. Así como la raíz de un roble crece y se profundiza junto con el árbol al paso del tiempo y le da el sostén necesario para desarrollarse fuerte y vigoroso, así nuestra fe se enraíza en nuestro ser y nos proporciona el poder para no desviarnos del camino hacia Dios.


El hombre no puede vivir sin fe, es necesaria para él, tanto para su vida natural como para la espiritual.

La Fe natural es aquella que satisface la esperanza de nuestro ser material, ejemplo lo tenemos en la fe que tienen los enfermos cuando acuden al médico para que les recete alguna medicina que cure sus males, ésta es una fe de causa y experiencia ya conocida. Vamos al médico porque sabemos que él está capacitado para ejercer la medicina y lo que él nos dará, de seguro nos aliviará. Esto lo sabemos porque ya lo hemos experimentado y visto en carne propia, cuando el médico nos alivió y curó de otra enfermedad que padecimos con anterioridad.


La Fe espiritual es la que nos da la fuerza para creer con certeza en lo que no hemos visto ni experimentado. Es lo que creemos sin duda alguna por la gracia de Dios y del Espíritu Santo, ejemplo lo tenemos en la convicción completa de la existencia de un mundo al cual llegaremos por el camino de Cristo Jesús después de nuestra muerte y resurrección.


No tenemos certeza material de este hecho mas sin embargo la luz recibida del Espíritu Santo en nuestro bautizo, nos da la capacidad y la sabiduría para entender y creer lo que nos dicen la palabras de Jesús y las de la Sagrada Biblia. Esa es la fe verdadera y única que alimentándola y fortaleciéndola con las acciones de nuestra vida terrenal, nos llevarán a gozar eternamente en la presencia de Dios todopoderoso.


Jesús se lo dijo a Pedro, cuando éste camina sobre las aguas al encuentro del Señor y en un momento de duda y debilidad se empieza a hundir y Jesús dándole la mano le ayuda a levantarse, diciéndole: “Levántate hombre de poca fe”.


La Biblia define expresamente la Fe en la Carta a los Hebreos: “La Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Heb. 11:1)




Hermanos, la fe no se mide ni se reproduce exteriormente, la fe es personal de cada uno y cada uno sabemos el valor y dimensión de nuestra fe y también Dios Nuestro Señor conoce nuestra fe y le halaga cuando es verdadera y lo entristece cuando es falsa.


¡Fortalezcamos nuestra fe con la oración!, que cuanto más oremos, más crecerá nuestra fe para alabanza y Gloria de Dios Nuestro Señor. Pidamos al Espíritu Santo colme nuestro espíritu con las bendiciones de la Virtudes Teologales: FE, ESPERANZA Y CARIDAD.


Alabado Y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado.
¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

jueves, 4 de agosto de 2011

San Juan María Vianney, Cura de Ars

Nace este Santo Patrón de los Párrocos, el 8 de Mayo de 1786 en Dardilly (Francia) y entrega su alma a Dios el 4 de Agosto de 1859 en el pueblo de Ars (Francia).


Contó con la gracia de Dios de haber nacido en un hogar católico donde su madre le enseñó a amar a Dios instruyéndolo en los principios de nuestra santa religión. Su padre era dueño de una finca y desde muy niño lo educó en las labores de la misma iniciándose como pastor y luego ya mayor paso a cuidar de los rebaños.

A los trece años de edad hizo la Primera Comunión en Ecully, el pueblo de su madre ante mucho sigilo, tratando de no llamar la atención de las autoridades pues eran épocas de la naciente revolución Francesa, la que con el pretexto de Igualdad había ejecutado a muchos ciudadanos honestos y por igual a sacerdotes y religiosas. Los sacerdotes tenían que disfrazarse para poder cumplir con su ministerio y fue en este pueblo que conoció al Padre Balley quien fuera un factor muy importante en la vida religiosa de Juan María.

Por poco tiempo asistió a la escuela de su pueblo, pero en su mente ya germinaba la firme idea de ser sacerdote y salvar muchas almas para la gloria de Nuestro Señor. Su madre le apoyaba mucho en sus inquietudes religiosas; no así su padre, quien le dio mucha lucha para aceptar la inclinación religiosa del joven Juan María.

Habiendo subido al poder Napoleón Bonaparte, poco a poco fue dando cierta libertad a la Iglesia. El Padre Balley por ese entonces, ya Párroco de Ecculy abrió en la rectoría una pequeña escuela para formar como sacerdotes a aquellos jóvenes que sintieran la vocación.

¡Era la oportunidad de Juan María!... y decidió irse a con el Padre Balley con la autorización de su padre quien veía que era lo mejor para el joven. En el pueblo, se quedó en casa de una tía mientras asistía a la escuela, tenía 20 años.

Muchos decían que era torpe, por no decir estúpido, pero ¡nada mas lejos de la verdad!... su juicio nunca estuvo errado, pero su memoria era débil. Eran muchas las dificultades que pasaba con el latín y hasta estuvo a punto de regresar a su casa, pero el Padre Balley le ayudó mucho y logró que su progreso lo alejara de sus ideas de desaliento.

En Octubre de 1813 ingresa al Seminario Mayor de Lyon pero su inadecuado conocimiento del latín le hace casi imposible seguir las lecciones de sus maestros en el seminario y al final de su primer término es invitado a que se marchara. Pero nuevamente el Padre Balley acude en su ayuda y juntos logran después de exámenes privados y especiales que se ordenara sacerdote el día 13 de Agosto de 1815... tenía 29 años.

Grande fue su satisfacción cuando recibió la orden de ser asistente del Párroco de Ecculy, su benefactor el Padre Balley, y después de casi dos años en este ministerio el Padre Balley falleció en los brazos de Juan María Vianney el 17 de Diciembre de 1817.



En Febrero de 1818 recibe la comunicación diocesana de que se le trasladaba al pueblo de Ars como capellán, Al llegar a las afueras del villorrio , y notar su pequeñez, Juan María dijo: ”La parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán hacia aquí.”

Pasaron 41 años desde el día que Juan María Vianney llegó a Ars, fueron años de actividad indescriptible en donde con su amor y humildad transformó:

a un pueblo alejado de la Iglesia en un pueblo fiel y creyente...

a un templo destartalado en una digna casa de Dios. Y a donde venían a buscarle miles de personas para escuchar sus palabras de sabio consejo.

El día 4 de Agosto de 1859 este humilde sacerdote, hoy Santo Patrón de todos los Párrocos de la Iglesia Católica, entregó su alma al Creador.


Hoy el cuerpo de este Santo y humilde sacerdote, ejemplo para todos los párrocos del mundo, descansa incorrupto en la Basílica de Ars.

Que la humildad y amor al servicio que entregó Juan María a sus semejantes, para la Gloria de Dios Padre, les ayude a comprender que: "Los elegidos del Señor no son solamente los eminentes sabios doctores de la Iglesia sino aquellas almas sencillas de corazón puro como Juan María Vianney"

Y que su ejemplo de fe y constancia nos lleve a concretar los anhelos de nuestros corazones para la difusión de la Adoración Eucarística Perpetua en todo el mundo.




ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO.


¡!!VIVA CRISTO REY!!!

jueves, 28 de julio de 2011

Pecados contra el Espíritu Santo.


El Espíritu Santo, uno de los elementos sagrados que forman la Santísima Trinidad junto con Dios Padre y Dios Hijo, entre sus muchos atributos y dones especiales, es el Sanador y Fortalecedor de la fe de todos los cristianos.


Es por su inmensa fuerza, que el demonio por medio de sus seguidores siempre trata de ofenderlo mediante el pecado.

La Iglesia Católica reconoce seis pecados contra el Espíritu Santo y son a saber:

1.- Presunción;
2.- Desesperación;
3.- Resistencia la verdad conocida;
4.- Envidia del bien espiritual del prójimo;
5.- Persistencia en el pecado;
6.- Impenitencia final.


Estos pecados en su repetición obstinada no tienen perdón ni en el cielo ni en la tierra, así lo dicen las sagradas escrituras:


Marcos 3, 29: “Pero el que calumnia al Espíritu Santo no tendrá jamás perdón, sino que arrastrará siempre su pecado.”




Mateo 12, 32: “ El que insulte al hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo, no será perdonado, ni en este mundo ni en el otro.”


Lucas 12, 10: “Toda persona que critique al Hijo del Hombre podrá ser perdonada pero el que calumnie al Espíritu Santo no tendrá Perdón.”


En estas tres citas bíblicas los evangelistas repiten las palabras pronunciadas por Jesús.


A continuación insertamos una breve explicación de cada uno de los pecados contra el Espíritu Santo:

1.- Presunción: Suposición de salvarse sin ningún mérito. La soberbia es el principal de los pecados capitales y de esta se desprende la “presunción” que consiste en confiar demasiado en si mismo.
2.- Desesperación: “Nunca desesperes de la misericordia de Dios”. La tentación mas grave que alguien puede tener es la duda de la realidad del amor y misericordia de Dios.
3.- Resistencia a la Verdad Conocida: Significa básicamente volver la espalda por completo consciente y deliberadamente a lo que consideras que Dios representa para ti.
4.- Envidia del Bien Espiritual del prójimo: El que cae en este pecado recome su alma atormentada con la pena, de la felicidad ajena.
5.- Persistencia en el Pecado: Es el que sigue en el pecado y reposa en él o sea que está atado por él y lo practica. Quienquiera que se declare libre, estando amarrado, no busca ni desea estar soltado.
6.- Impenitencia Final: Es la perseverancia en el pecado hasta la muerte.




El Espíritu Santo es la esencia infinita de amor que vive en Dios Padre y en Dios Hijo. Esencia que recibimos todos los cristianos bautizados y que nos inicia en el camino de la santidad. El Espíritu Santo es: Guía, Maestro, Abogado, Consolador, Luz Divina de Sabiduría y Entendimiento, Remanso de Paz Espiritual, Consejo de Comportamiento que nos acerca a la caridad, a la bondad y a la castidad.

El Espíritu Santo es nuestra Fortaleza, bendito fuego divino que nos enciende el alma de fe. Es la paciencia que nos permite aceptar con humildad los designios y la voluntad de Dios.


En resumen, el Espíritu Santo es el Principio fundamental de nuestra existencia en Dios y de nuestro más preciado objetivo en esta vida que es el de alabar y glorificar a Dios Nuestro Señor.


Hermanos, oremos siempre con fe y devoción para que jamás abandonemos nuestras creencias y que ni la soberbia ni falsas promesas nos lleven a pecar en contra de Dios, en su tercera persona, el Bendito Espíritu Santo.




ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO.

¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

jueves, 21 de julio de 2011

El Santo Sacrificio de la Eucaristía.

La actual Misa católica fue establecida por Nuestro Señor Jesucristo durante la última cena en compañía de sus discípulos, este milagro de amor lo hizo para que la humanidad recordara para siempre que su cuerpo convertido en pan y su sangre en vino son el sagrado alimento de nuestras almas y para que también tuviéramos presente que se entregó para nuestra redención y salvación. De allí sus palabras: “el que come mi cuerpo y bebe mi sangre, no morirá” y “hagan esto en conmemoración mía”.


Es pues, la Santa Misa el más importante rito de nuestra liturgia y como tal debemos mostrar nuestro respeto absoluto cuando asistimos a este sacrosanto ceremonial.



Parece que con los tiempos modernos, los adelantos de la ciencia y la globalización, nuestro comportamiento en el templo para asistir a Misa se ha deteriorado, por nuestra propia culpa y porque los nuevos pastores de la grey católica también han sido más condescendientes de lo permitido con la actitud de los fieles de su rebaño. ¿Nos ganaremos la simpatía de los parroquianos permitiéndoles hacer cosas que no deberían hacer?... ¡Cuidado! porque podríamos perder mucho más.



Según mi humilde entender las siguientes faltas no deberían ser permitidas ni aceptadas en un templo donde asistimos para demostrar a Dios nuestro amor y respeto total a las leyes que el estableció.



º Vestido: ¡Qué poco respeto mostramos a Dios asistiendo al sacrificio eucarístico con vestimentas inapropiadas para este acto!. Por dignidad propia debemos nosotros mismos censurar nuestro inapropiado modo de vestir. Ya en una ocasión, hace varios años, en algunos templos se impedía el ingreso a personas que llevaran atuendos no apropiados causando que muchos de los ofensores se retiraran para no volver más. ¡La soberbia del pecador puede más que la humildad del arrepentimiento! Por ello enseñemos con el ejemplo y vistamos decentemente como lo amerita el acto religioso al que estamos asistiendo.



º Esperando el Inicio de la Santa Misa: Cuando entramos al templo, entramos a la casa de Dios, si cuando entramos a la casa de un conocido le saludamos respetuosamente, con más razón u obligación ¡Saludemos a Dios con el respeto que solo Él se merece!. La casa de Dios es un lugar santo hecho para orar y alabar a Nuestro Señor y no lugar de tertulia simple y corriente como lo hacemos mientras esperamos el Oficio de la Santa Misa, convirtiendo al templo en una mundana antesala de un teatro de espectáculos. Si llegamos anticipadamente al templo, empleemos el tiempo en prepararnos debidamente para participar en el sagrado oficio al que venimos y no convirtamos nuestro lugar de oración en un vulgar rincón de coloquio ofensivo e irrespetuoso para el dueño del templo, Dios Nuestro Señor.



º La Santa Misa consiste en rituales bien definidos y no es la sucesión de capítulos sin relación alguna con el propósito de la Celebración Eucarística. Para recordarles, las partes en que se divide la Misa Católica son las siguientes:



1.- Ritos Iniciales: Entrada, Saludo al altar y al pueblo congregado, Acto Penitencial, Señor ten Piedad, Gloria, Oración de Colecta.



2.- Liturgia de la Palabra: Primera Lectura, Salmo Responsorial, Segunda Lectura, Evangelio, Homilía, Profesión de la Fe, Oración Universal.




3.- Liturgia Eucarística: Preparación de los Dones, Acción de Gracias, Santo, Epíclesis (Parte de la Misa donde se invoca al Espíritu Santo), Consagración, Anamnesis (Momento en que se celebra la memoria de Cristo recordando su Pasión, Resurrección y Ascensión), Oblación, Intercesiones, Doxología (Cuando el Sacerdote eleva la Hostia y hace una alabanza:” Por Cristo …”, Oración Final.



4.- Rito de Despedida: Con un ritual sencillo y breve termina la Misa. Un último saludo, la Bendición al pueblo y la despedida: Vayamos en Paz, la Misa ha terminado, o bien, Vayamos en Paz a Servir a Dios y a Nuestros Hermanos. Y el pueblo responde: Demos Gracias a Dios.



Queridos hermanos en Jesucristo Nuestro Señor, espero que estas humildes palabras les hagan reflexionar positivamente y recuerden que: La más efectiva y verdadera participación de los fieles en la Misa, no es el canto, o el escuchar la palabra de Dios, o el hecho de formar parte de la grey en oración, sino el


¡Recibir a Jesucristo en su realidad de Alimento Eucarístico!




ALABADO Y ADORADO SEA POR SIEMPRE JESUS SACRAMENTADO



¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!