
Primeramente quisiera empezar por reconocer la fidelidad y amor con que muchos católicos siguen los pasos de Jesús. Sin mostrar arrogancia, humildemente, bendicen, alaban y adoran a Cristo, según la Liturgia y Normas establecidas por la Santa Iglesia. Cumplen fielmente sus mandamientos y sobre todo los mandamientos de la Ley de Dios.
Pero en la otra mano, desgraciadamente, encontramos a muchos pseudo-católicos, que establecen sus normas personales en las que los Mandamientos de Dios y de la Santa Iglesia son adecuados a su comodidad y antojo.
Cada día vemos que aumentan estos católicos de total tibieza espiritual,. Seres que cumplen su voluntad e ignoran la voluntad de Dios. Y este sacrilegio de rechazo a las palabras de Jesús es el sello de “moda” que adopta sobre todo, parte de nuestra juventud.
La falta de respeto, amor y fidelidad a nuestra religión tiene su origen en las raíces de nuestra existencia.
La familia
La familia es el cimiento primario de la solidez de nuestra estructura religiosa. La pareja, hombre y mujer, deben empezar su formación con la Bendición de Dios, recibiendo el Sacramento del Matrimonio, como el indispensable requisito para una firme y duradera unión.

La iglesia no acepta matrimonios que se acogen a usos y caprichos, tales como, la disolución por falta de amor, por incompatibilidad de caracteres, por infidelidad, y por muchos otros motivos propios de una unión débil, inmadura y no sacramentada.
Para el matrimonio hay que estar adecuadamente preparados, la pareja deberá tratarse y conocerse muy bien y recibir las pláticas pre-matrimoniales con seriedad y conocimiento de causa y no considerarlas como un mero requisito para la realización de la boda.
La suntuosidad o la austeridad no engrandece ni disminuye la esencia del Sacramento Matrimonial, su validez, efecto y bendición es la misma en ambos casos.
Los hijos
Frutos del amor del matrimonio, deben ser amados por la pareja desde su concepción hasta su muerte. Procurando su felicidad espiritual y material toda la vida... la responsabilidad de ser padres nunca termina.
Los padres deben velar porque la educación de sus hijos les proporcione los valores humanos y cristianos necesarios para alcanzar una existencia feliz.
Es deber fundamental de los padres para con los hijos, que éstos crezcan en la verdad de la Santa Iglesia Católica, y reciban los Sacramentos que fortalezcan y hagan crecer su fe religiosa, siendo los primordiales, el Bautismo, Confirmación y la Eucaristía.
El ejemplo es la mejor enseñanza que podemos dar a nuestros hijos para su formación espiritual. Procuremos ser intachables cumplidores de nuestras obligaciones personales, civiles y religiosas. De esta manera ¡entregaremos al mundo hombres y mujeres dignos de la consideración humana y de la alegría y gloria de Dios Padre!

Queridos hermanos seamos fieles a Jesús Sacramentado y pidámosle por intercesión de la Santísima Virgen María, su dulce Madre y nuestra también, que nos de la fortaleza y sabiduría necesaria para cumplir verdaderamente con los mandamientos de Dios y de su Santa Iglesia.
Por la renovación de nuestro Bautismo y la unión de todos los cristianos,
Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado
¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!
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