El Diccionario de la Lengua Española nos define la palabra Crisis como “Un momento difícil, una dificultad, es un cambio rápido que se produce en el transcurso de una enfermedad y que es síntoma de mejora.”

La Primera Crisis experimentada por la Iglesia Católica fue en el año 33, cuando su fundador y líder fue crucificado por el poder político de Roma a instancias del Pueblo Israelita, y su muerte produjo el desbande de sus seguidores ante el temor de la persecución.
Fue también producto de esta crisis la Reafirmación del Poder de la Fe en cada uno de sus Apóstoles cuando el Espíritu Santo descendió sobre cada uno de ellos en forma de lengua de fuego, introduciendo en sus almas la fortaleza para alejar el temor y divulgar con mucho entusiasmo y alegría las palabras de Jesús Nuestro Señor.
Sale la Iglesia Católica, evidentemente reparada y triunfante de esta crisis, y los cristianos aumentan en expansión por todo el mundo conocido en esas épocas iniciales.
Las siguientes crisis en orden de gravedad en el cristianismo son muchas y aún continúan hasta nuestros tiempos.

La magnitud siguiente en cuanto a las crisis es discutible pudiendo mencionar la Reforma Protestante, el Cisma de Oriente y las Cruzadas, la Herejía Arriana, las Controversias con los Judaizantes, que resolvió el primer Concilio de Jerusalén o los conflictos con los Papas Medievales.

Otra causa de crisis se presenta abiertamente con la actitud y comportamiento de índole sexual de algunos dignatarios de nuestra iglesia que valiéndose de su posición privilegiada abusan hundiendo en el pecado a otros seres a quienes por principio deben amar y proteger.
Es cierto que la iglesia sale herida con estos actos pero también es evidente que sigue adelante y siempre triunfante.

Queridos hermanos, tengamos fe y confiemos plenamente que Nuestro Dios, Redentor y Fundador jamás abandonará a su bien amada esposa, la Santa Iglesia Católica. Y cuando el humo blanco desde la Capilla Sixtina, anuncie al mundo entero: “Habemus Papa” para la gloria de Dios Nuestro Señor, el repique de las campanas lleven hasta el cielo el humilde agradecimiento de todos los que tenemos la dicha y privilegio de ser fieles católicos por la gracia de Dios.
Alabado y Adorado sea por siempre Jesús Sacramentado
¡¡¡Viva Cristo Rey!!!
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